Misión El Salvador 2020 SAMU

Misión El Salvador 2020: fuerza de élite contra la Covid-19

Un equipo de intervención de catástrofes de SAMU formado por 30 sanitarios ha viajado a El Salvador en respuesta a la petición de ayuda que el propio Gobierno salvadoreño realizó a Fundación SAMU a principios de julio para poder hacer frente a la crisis sanitaria que está causando la Covid-19 en el país centroamericano.

Debido a la situación actual en El Salvador, el Ministerio de Salud emitió al doctor Carlos Álvarez Leiva una solicitud de asistencia para dar apoyo al Hospital Nacional El Salvador, en la capital, inaugurado recientemente por el presidente del país, Nayib Bukele, que ha recibido a la expedición de SAMU con una emotiva carta publicada en sus redes sociales. El nuevo hospital cuenta con 1.000 camas de cuidados intermedios e intensivos, lo que lo convierte en el hospital más grande de América Latina.

“Nuestra urgente petición consiste en la necesidad de contar durante el período mínimo de un mes o más con el apoyo de médicos voluntarios: internistas, intensivistas, anestesiólogos, neumólogos, nefrólogos, cirujanos, pediatras y cardiólogos pertenecientes a las diversas organizaciones médicas de Europa así como a colegios de médicos. Adicionalmente, solicitamos enfermeros intensivistas que apoyen el esfuerzo de los médicos anteriormente mencionados. Es importante destacar que es de particular interés el apoyo para el manejo asistencial, control biológico, unidades de descontaminación, gestión de circulación y entrenamiento del personal”, señalan desde el Ministerio de Salud de El Salvador en su misiva. “Nuestra necesidad de apoyo es inminente”.

Para llevar a cabo esta misión y formar a su equipo de intervención, SAMU ha llevado a cabo un proceso de selección de profesionales sanitarios al que se han presentado más de un centenar de personas procedentes de toda España.

En total, SAMU ha seleccionado a una treintena de médicos, enfermeros, técnicos en emergencias sanitarias y auxiliares de enfermería. La bautizada como Misión El Salvador 2020 arrancó el 29 de julio y durará un mes.

Un día antes, el día 28, todos los voluntarios fueron convocados a las diez de la mañana en Escuela SAMU, en Gelves (Sevilla), para salir todos juntos en autobús hacia Madrid, donde el 29 cogieron un vuelo hacia El Salvador.

“Somos un grupo eminentemente joven, pero con mucha ilusión, muchas ganas de ayudar, con la enorme responsabilidad de trasladar los conocimientos adquiridos en los 30 años de misiones de SAMU y en los cerca de 20 que llevamos impartiendo formación desde nuestra escuela en gestión de incidentes nucleares biológicos y químicos, pero partimos más deseosos aún de transmitir las mejoras prácticas que hemos destilado con la revisión de todos los protocolos de la pandemia en España”, manifestaba emocionado antes de partir Juan González de Escalada, director del Área de Emergencias de SAMU y jefe de la misión.

Numerosas autoridades acudieron hasta Gelves a despedir a la treintena de sanitarios, entre ellos el delegado de Recursos Humanos, Seguridad y Movilidad del Ayuntamiento de Gelves, Rafael García Villa (en representación de la alcaldesa del municipio); la responsable de Acción Humanitaria de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional, Carma Tápies; además del cónsul de Francia en Sevilla para Andalucía Occidental, Christophe Sougey De Funes; el cónsul honorario de El Salvador en Sevilla, Ignacio de Cossío Pérez de Mendoza; el presidente del Colegio Médicos de Sevilla, Alfonso Carmona Martínez; y la vicepresidenta del Colegio de Enfermería de Sevilla, Pilar Cordero Ramos, entre otros.

Antes de la partida, se vivieron numerosos y emotivos momentos protagonizados por los voluntarios y sus familiares, que entre lágrimas les despedían y le deseaban suerte en su misión.

Como madre me da miedo, lo que va a hacer es muy peligroso, puede contagiarse, pero entiendo que esto es lo que a él le gusta y tengo que apoyarle”, manifestaba un familiar de uno de los profesionales de este contingente.

Actualmente, los casos de coronavirus en El Salvador aumentan en una media de 270 nuevos contagios al día. El 87% de los casos confirmados se concentran en la capital del país.

El Ministerio de Salud salvadoreño identificó oficialmente los diez primeros casos de Covid-19 en el país el 10 de abril. A principios de julio, los datos eran de más de 8.000 personas contagiadas y 209 fallecidos. Las autoridades sanitarias prevén que el pico se alcance en agosto y el país no cuenta con suficientes especialistas (médicos o enfermeros) capacitados en unidades de cuidados intensivos.

“Esta solicitud de médicos voluntarios de urgencia resultará de gran impacto para beneficio de la población salvadoreña. Por todo ello, nos sentimos animados a continuar fortaleciendo y estrechando nuestros vínculos con Fundación SAMU y así seguir luchando por un mismo fin, que es mejorar las condiciones de vida de nuestras poblaciones”, señalan desde el Gobierno salvadoreño.

SAMU cuenta con una gran experiencia en intervención en catástrofes, y además ha adquirido una enorme experiencia en la gestión concreta de la pandemia de Covid-19. Durante el periodo de máximo impacto de la pandemia en España, SAMU estuvo en primera línea, gestionando importantes dispositivos sanitarios, como los dos hospitales de campaña que la organización levantó en el Hotel Alcora, en San Juan de Aznalfarache (Sevilla), y en la Residencia del Tiempo Libre El Burgo, en la Línea de la Concepción (Cádiz), por petición de la Junta de Andalucía, y donde se atendieron a personas mayores con Covid-19. SAMU también participó en el traslado de pacientes contagiados en Madrid y Toledo.

La entidad también ha realizado varias misiones humanitarias y asistenciales en el extranjeros, como la llevada a cabo en 2013 en Filipinas tras el tifón Haiyan y que tuvo una duración de cinco meses. También destaca la misión de Katmandú en 2015, tras el terremoto de Nepal; y la operación del campamento de refugiados de Calais, en Francia, también en 2015, entre otros hitos.

Andrés Rodríguez Holst Escuela SAMU

Andrés Rodríguez Holst, ‘team manager’ de la misión El Salvador: “Mi vida cabe en dos maletas”

El enfermero e instructor de Escuela SAMU Andrés Rodríguez Holst (1986, San José, Costa Rica) se pone al frente como ‘team manager’ del equipo de 30 sanitarios de SAMU que ha viajado a El Salvador para prestar asistencia sanitaria por la Covid-19. Rodríguez ha convertido su trabajo en su modo de vida y El Salvador será su misión humanitaria número 13.

—¿Cuándo y por qué decidió dejar los bosques tropicales y la costa caribeña de Costa Rica por España?
—Llegué a España el 15 de octubre de 2014 con una beca del Banco Interamericano de Desarrollo para estudiar el máster de Enfermería de Urgencias, Emergencias, Catástrofes y Acción Humanitaria de SAMU. Tras graduarme, trabajé en el Hospital público de San Juan de Dios y fui profesor en la Universidad de Costa Rica, pero quería seguir formándome, sobre todo en logística sanitaria y acción humanitaria. Entonces sólo había dos másteres de estas características en el mundo, uno en Noruega y otro en Sevilla, el de SAMU. Así que me viene a España.

—¿Su intención era volver a Costa Rica una vez finalizado el máster?
—Yo voy donde me lleve el viento. A mi la vida me cabe en dos maletas. Además, estando en Europa comencé a colaborar con Médicos Sin Fronteras, por lo que me muevo mucho.

—Actualmente es profesor en Escuela SAMU, donde usted mismo se formó, y es el coordinador del módulo de Acción Humanitaria del máster de Enfermería. ¿Qué suelen esperar los alumnos de este módulo?
—Por lo general, las personas tienen una visión muy pasional y romántica de la acción humanitaria. Piensan en lo guay que es ser viajero del mundo y lanzarse a la aventura. Eso es lo que les llama la atención. A mis alumnos, cuando les presento el módulo nunca les cuento dónde he estado y qué he hecho, no me gusta ir alardeando, por lo que mis estudiantes, al principio, se muestran un poco escépticos. No esperan mucho y creen que es una chorrada de módulo. Pero al final, cuando nos metemos de lleno y profundizamos en la acción humanitaria, salen muy contentos. Alumnos que han llegado diciendo que su meta en la vida era tener una interinidad en el SAS han salido diciendo que quieren hacer una misión.

—¿Algunos de sus alumnos han ido a alguna misión humanitaria?
—Sí, hay varios que han mostrado interés y han realizado misiones con Cruz Roja, Save the Children, Médicos Sin Fronteras, Enfermeros Sin Fronteras o Bomberos Unidos Sin fronteras, entre otros.

—¿En su caso, cómo entró en contacto con la acción humanitaria?
—En 2009 hubo un terremoto en Costa Rica, concretamente en Cinchona. Necesitaban enfermeros instrumentistas, ya que había muchos traumas, y había que organizar aquello, y allá que me fui. Esa fue mi primera misión fuera de casa. Fui con Cruz Roja y, a raíz de aquello, hice contactos y empezaron a llamarme para otras acciones. Ya en España, en 2016, Médicos Sin Fronteras contactó conmigo para participar en el desarrollo de una unidad quirúrgica, un proyecto humanitario piloto de vanguardia, y ahí sigo.

—¿Cómo logra compaginar su trabajo como enfermero y profesor con sus numerosas colaboraciones humanitarias?
—Hasta el pasado año, dedicaba mis vacaciones de verano a trabajar con Médicos Sin Fronteras. Este año con la Covid-19 no ha sido posible.

—¿Cuántos años lleva sin disfrutar de unas relajadas vacaciones veraniegas?
—(Se ríe) Pues unos tres años, pero eso no significa que no descanse. Cojo días sueltos a lo largo del año. Por ejemplo, en diciembre estuve en una boda en Costa Rica y unos días antes de que se declarara el estado de alarma en España, también estuve en mi país. De hecho, estando allí se registró el primer caso de Covid en Costa Rica y estalló todo en España.

—Este verano se va a El Salvador como team manager de un grupo de intervención de catástrofes de SAMU. ¿Cómo surgió esta misión humanitaria?
—Debido a la crisis sanitaria que está atravesando El Salvador a causa del coronavirus, el Ministerio de Salud salvadoreño envió a principios de julio al doctor Carlos Álvarez Leiva, presidente de Fundación SAMU, una petición de ayuda para dar apoyo asistencial al recién inaugurado Hospital Nacional El Salvador, en la capital. La misión durará un mes y nos vamos el 29 de julio.

—¿Cuántas personas forman este equipo de intervención?
—Somos 30 personas, entre médicos, enfermeros, técnicos de emergencias sanitarias, auxiliares de enfermería y una psicóloga. Diecisiete de estos treinta sanitarios pertenecen a la plantilla de SAMU. El resto ha sido seleccionado tras un llamamiento que hicimos a través de las redes sociales.

—¿Cómo ha sido el proceso de selección de profesionales?
—Lo primero que hemos valorado ha sido la predisposición. Todos se pusieron en contacto con nosotros, no al revés. En total recibimos 127 solicitudes. A todos ellos les mandamos un correo electrónico explicando los objetivos de la misión y lo duro que iba a ser el trabajo allí. Tras este correo, 40 mostraron interés en continuar con el proceso. Es lo que hemos hablado antes, esa visión pasional de la acción humanitaria, pero en el fondo la gente no quiere darse la paliza.

—¿Qué aspectos se han tenido en cuenta para seleccionar al equipo?
—Los perfiles profesionales, los currículos y, sobre todo, la experiencia con Covid-19. También se ha dado prioridad al personal de SAMU.

—¿Se lleva a algún exalumno de Escuela SAMU?
—Sí, me llevo a cinco exalumnos del máster de Enfermería y a cuatro del curso de TES. Todos ellos contactaron conmigo.

—Una vez en El Salvador, ¿cuentan con algún enlace en España en caso de que surja algún problema?
—Nosotros lo llamamos gabinete de crisis y está formado por personal de SAMU íntegramente. La mayoría de estas personas tienen experiencia en el trabajo con Covid-19, como por ejemplo Andrea Luis, que formó parte del equipo de mando del dispositivo del Hotel Alcora en Sevilla, que atendió a personas mayores contagiadas.

—¿Qué se van a encontrar en El Salvador cuando lleguéis?
—Todo es un poco incierto aún. El Gobierno salvadoreño abrió recientemente un hospital con capacidad para mil camas y necesitan ayuda asistencial ante la grave crisis sanitarias que estamos viviendo. A principios de julio, los datos oficiales eran de más de 8.000 personas contagiadas y 209 fallecidos. El 87% de los casos se concentran en la capital. No obstante, amigos y conocidos de la zona me cuentan que la situación es bastante caótica. Hasta que no lleguemos allí no sabremos a qué nos vamos a enfrentar.

—¿Qué es exactamente lo que os pide el Gobierno de El Salvador?
—En concreto, nos piden tres cosas: adiestrar y formar al personal local, ayudar en la organización y ofrecer apoyo asistencial.

—¿Qué supone para SAMU esta misión humanitaria con un grupo de intervención tan numeroso?
—Ésta es la primera vez que SAMU envía un grupo tan grande a una misión. En otras misiones como en Filipinas fueron varios contingentes de unas diez personas cada uno, pero no coincidieron todos allí. La acción humanitaria contemporánea es eso, llevar grupos numerosos de entre 30 y 50 personas, que sean autosuficientes y capaces de gestionar y organizar una situación de estas dimensiones. Con nuestra participación en El Salvador demostramos que SAMU tiene la capacidad y el nivel para estar en las grandes ligas de la acción humanitaria.

—En España, cada días son más numerosos los brotes. ¿Está SAMU capacitado para hacer frente a una segunda ola en España y mantener una misión humanitaria de gran escala en El Salvador al mismo tiempo?
—Sí, SAMU tiene capacidad para ello. La limitación más grande son los recursos humanos. En el caso de El Salvador, no todo el mundo está dispuesto a irse un mes fuera de su casa y a otro país, y más con todo lo que está sucediendo. No es lo mismo combatir una enfermedad como ésta en El Salvador que en casa, por lo que sigue habiendo profesionales cualificados en España para dirigir de nuevo dispositivos de pacientes con Covid-19 si fuera necesario.

—¿Podría nombrar otras misiones importantes en las que ha participado SAMU?
—En los últimos diez años, SAMU ha estado presente en Filipinas, Nepal, Marruecos, Haití, Calais (Francia) y Lorca (España). Con anterioridad al año 2000, SAMU ha realizado importantes misiones en puntos como Irán o Bombay (India).

—En su caso personal, ¿en cuántas misiones humanitarias ha participado?
—El Salvador será la número 13. Las que más me han marcado han sido Siria y Libia, porque eran zonas en guerra; y también Calais (Francia), porque fue la primera vez que trabajé con refugiados. Calais fue especial y distinto porque yo estaba acostumbrado a misiones de catástrofes y desastres naturales, y aquí fue la primera vez que estuve en un campamento de refugiados. En los desastres naturales la gente lo pierde todo, hay mucha ansiedad, muchas personas en shock, con conmoción. En Calais era diferente, eran personas sometidas a mucha presión desde hacía mucho tiempo y que estaban desgastadas emocional y físicamente.

—¿Podría explicarnos, desde su experiencia, cómo es trabajar en una zona en guerra?
—He tenido la suerte de estar en acciones humanitarias de diversa índole: desastres naturales, emplazamientos humanos, conflictos civiles, conflictos militares. Cada una tiene sus propias características y hace que las personas se comporten de manera diferente y tú también actúas de manera distinta. En Siria fue la primera vez que estuve en una guerra, un conflicto militar. Vi otra cara de la humanidad. En Libia, el conflicto era civil, mucho más caótico y desorganizado. Arrasan con todo. Tienen a niños de 13 y 14 años con una AK-47 y se creen muy hombres porque tienen esa pedazo de pistola. Libia es un sitio que está olvidado, eso es tierra de nadie. He visto cosas terribles e innombrables.

—En todas estas misiones, ¿ha temido alguna vez por su vida?
—Sí, pero con el paso del tiempo, cada vez tienes menos miedo. Hace mucho que tengo muy interiorizado que si aquí me muero, aquí me muero. No me entrego a la muerte, pero uno sabe dónde se mete. En pocas ocasiones he pensado ‘aquí termina todo’, pero alguna que otra ha habido.

—¿Cómo se prepara para hacer frente a estas situaciones?
—En Médicos Sin Fronteras te preparan mucho psicológicamente en el manejo de situaciones en un entorno hostil. Hay ocasiones en las que tienes que saber cuándo tienes que agachar la cabeza. Hay sitios que por mirar mal a alguien te apuntan con una pistola.

—Antes de la crisis sanitaria, ¿tenía destino cerrado para este verano?
—Sí, Yemen. Tenía que haberme ido el 15 de julio. Ahora todos los esfuerzos se centran en combatir la Covid, todo lo demás se ha parado.

El Sauzal SAMU Canarias

El Sauzal: un fortín frente al coronavirus

Noemí Santana, consejera de Derechos Sociales, Igualdad, Diversidad y Juventud del Gobierno de Canarias, y Miguel Montero, director general de Dependencia y Discapacidad, realizaron en julio una visita al centro de personas en situación de dependencia derivada de discapacidad física de El Sauzal, en Tenerife, gestionado desde enero por Fundación SAMU.

Recibidos por María José Tinoco, directora del Área de Discapacidad de SAMU, y Alberto Pastor, director del centro, los representantes gubernamentales se interesaron por las medidas preventivas ante la Covid-19 implantadas en esta residencia así como por la gestión del centro, que dispone de 37 plazas para residentes y otras 19 para usuarios del centro de día.

Tanto Santana como Montero quisieron dar visibilidad a la exhaustiva gestión ante el coronavirus que se ha realizado en los centros para personas con discapacidad en la región y transmitir tranquilidad a los familiares de los usuarios.

La consejera explicó que el centro para personas con discapacidad de El Sauzal se había convertido en “el primero de este tipo que ha abierto a visitas e ingresos” tras el estado de alarma. “Las 19 personas del centro de día que vienen aquí de lunes a viernes conviven con todas las medidas higiénicas y de seguridad con 37 residentes que han estado encerrados aquí durante la crisis sanitaria como en un fortín cerrado a cal y canto, sin recibir ninguna entrada del exterior para proteger su salud”, explicó Santana.

En este sentido, la consejera destacó “los protocolos tan estrictos que se han establecido para recuperar ahora la nueva normalidad, con las visitas de familiares y amistades, tan necesarias para los usuarios del centro, y que durante casi cuatro meses no pudieron producirse”.

El director general de Dependencia y Discapacidad detalló los protocolos que se han incorporado al centro de El Sauzal, en un momento en el que la crisis sanitaria continúa activa en el país. “No sólo hay toma de temperatura antes de entrar a las instalaciones, sino que también se realizan consultas previas a familiares. Se garantizan circuitos separados, se generan espacios limpios… Son protocolos muy estrictos que se han inaugurado en este centro con la idea de que sean ejemplo y modelo para el resto de los centros de la región”.

“Somos un ejemplo de la gestión, la única comunidad de todo el Estado que ha hecho los test PCR a todo el personal de sus centros, así como a residentes”, afirmó Noemí Santana, al tiempo que destacó la incidencia tan baja de positivos con “solo 12 personas de más de 3.500 test realizados” durante las semanas más problemáticas de la crisis sanitaria.

SAMU se hizo cargo en enero, a través de su Fundación, de este centro que ofrece servicios de enfermería, terapia ocupacional, trabajo social, atención psicológica, logopedia e integración social, entre otros servicios.

Previamente, Fundación SAMU se hizo cargo de la titularidad del Hogar San Lázaro, centro de Santa Cruz de Tenerife especializado en atención a pacientes con discapacidad intelectual y/o trastorno mental grado 1 y 2, con capacidad para 16 usuarios.

La entidad cuenta con servicios de urgencias y emergencias en la comunidad a través de una unidad medicalizada, además de una unidad colectiva de soporte vital básico. Esta unidad ya ofrece sus servicios a entidades públicas y privadas, y ha prestado cobertura a la cabalgata de Reyes de Tacoronte (Tenerife), además de otros servicios en El Hierro. SAMU mantiene negociaciones abiertas con un centro privado y el 112 de Canarias para ofrecer su colaboración cuando los servicios de ambulancias públicas estén saturados.

Covid-19 SAMU

Dispositivos sanitarios frente a la Covid-19 en Andalucía

Cualquier análisis de la respuesta que ha dado el sistema sanitario en los peores momentos de la pandemia pone hoy de manifiesto el alto valor de la colaboración público-privada para atender de manera urgente y eficaz las necesidades de la población. Así, en situaciones de extrema gravedad como las vividas durante el estado de alarma, alianzas estratégicas como la de la Junta de Andalucía y Fundación SAMU han permitido salvar la vida a decenas de personas afectadas por la Covid-19 o en serio riesgo de contraer el virus.

Dos dispositivos de SAMU han sido ensalzados como modelos de esta unión entre administraciones públicas y entidades privadas. Así, de la noche a la mañana, y esto es literal, el hotel Ilunion Alcora, en San Juan de Aznalfarache (Sevilla), pasó de ser un lugar para el hospedaje de visitantes a atender a ancianos enfermos de Covid-19 procedentes de distintas residencias de mayores de la provincia. El establecimiento se transformó en apenas 12 horas en un centro asistencial medicalizado destinado a las personas más desprotegidas frente al coronavirus.

Y de la misma forma, la Residencia de Tiempo Libre de El Burgo en La Línea (Cádiz) también se transformó en un hospital de campaña para atender a 28 pacientes que tuvieron que abandonar una residencia de mayores de Alcalá del Valle, en Cádiz, tras detectarse un brote.

En ambos casos, esta transformación integral y a contrarreloj fue posible gracias a la alianza entre la Consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía y el equipo de SAMU.

El consejero de Salud y Familias, Jesús Aguirre, ha valorado la eficacia de esta sinergia en un reportaje publicado en ABC. En pleno pico de la pandemia, había residencias de ancianos tanto en Sevilla como en otras provincias en las que “era imposible diferenciar en los circuitos los casos positivos de los negativos” dentro de los propios centros.

Por eso Aguirre valora la experiencia como positiva para los pacientes y para la Administración regional. “Fue un modelo de éxito” que permitió una “magnifica asistencia sanitaria”, ha señalado la Consejería, que no descarta repetirla en futuros proyectos. “Nuestro fin es tener la sanidad pública andaluza al cien por cien y optimizar todos sus recursos. En el caso de no llegar a esa optimización, apostamos por la suma de recursos siempre que sea en beneficio de los pacientes. Huimos de la dicotomía de buenos y malos: la sanidad de Andalucía es una, de todos y para todos”, ha afirma en el reportaje publicado por ABC.

Juan González de Escalada, director del área de Emergencias de SAMU, ha subrayado la importancia que ha representado ser capaces de reaccionar de forma rápida y eficaz en los momentos en los que el sistema sanitario se ha visto desbordado frente a una presión asistencial inédita. “Desde nuestra especialidad, disponibilidad, logística y recursos propios, hemos ofrecido la máxima flexibilidad a la administración para dar una respuesta inmediata al ciudadano”, explica.

La fórmula de colaboración privada “representa un cambio en el servicio público que ha llegado para quedarse”, opina en ABC Francisco J. Fernández, socio de Cremades-Calvo Sotelo, que cuenta en Sevilla con un Observatorio de Colaboración Público Privada.

Durante los peores momentos de la primera oleada de la pandemia, SAMU gestionó cinco dispositivos de urgencias y emergencias contra el Covid-19 en Madrid, Andalucía y Castilla-La Mancha, al tiempo que formaba a personal en bioseguridad, captaba y capacitaba a voluntarios de distintos perfiles y fabricaba material sanitario como mascarillas y equipos de protección individual en su propio taller.

SAMU pone en marcha un proyecto de teleformación para personas con discapacidad auditiva

Tras la declaración del estado de alarma en España como consecuencia de la crisis sanitaria mundial provocada por la Covid-19, el 16 de marzo cerraron sus puertas todos los centros educativos del país, a todos los niveles. Esto obligó a centros y profesores a cambiar su metodología y pasar de una docencia presencial a otra 100% virtual en un tiempo récord, lo que supuso un gran reto para toda la comunidad educativa.

La teleformación ha permitido a gran parte del alumnado seguir con su formación, sin embargo, los estudiantes con discapacidad auditiva no han podido progresar con sus estudios porque la administración pública no ha continuado ofreciendo los servicios de la figura del intérprete en lengua de signos.

“Esto está provocando un enorme perjuicio a los alumnos con discapacidad auditiva, además de incrementar la desigualdad a nivel educativo entre éstos y aquellos que no la tienen”, explica Conchi Pérez, jefa del área de Servicios Educativos de SAMU.

Ante esta situación, SAMU ha desarrollado un proyecto de teleformación para jóvenes con discapacidad auditiva que ha presentado, en un primer momento, a la Agencia Pública Andaluza de Educación de la Consejería de Educación, y, posteriormente, a todos los gobiernos autonómicos del país.

Los objetivos principales de este proyecto son atender las necesidades educativas de las personas sordas, que éstas puedan alcanzar el mismo nivel educativo que el resto de compañeros de curso y favorecer la integración social y laboral de los jóvenes con discapacidad auditiva.

“Este proyecto nace de la necesidad de adaptar el sistema educativo a la situación actual derivada de la crisis sanitaria por la Covid-19”, continúa Conchi Pérez. “El objetivo principal no es otro que conseguir que la información que los docentes transmiten en el aula o desde sus domicilios llegue sin pérdida alguna al alumnado con discapacidad auditiva de Ciclo de Secundaria o Formación Profesional”.

Para que la teleformación llegue de igual manera a todos en sus domicilios lo ideal es la utilización de una plataforma virtual (Zoom, Hangout, Skype, Microsoft Teams…) en la que los alumnos puedan conectarse al mismo tiempo con el profesorado y el intérprete de lengua de signos del centro. Así, el alumno puede tener acceso al mismo tiempo al intérprete y al profesor, consiguiendo una situación que se asemeja a la que puede tener en el aula, ya que se encuentra con dos profesionales, profesor e intérprete, preparados para transmitir la información que debe aprender.

Únicamente es necesario que tanto el profesor como el alumno e intérprete tengan acceso a la plataforma a través de un dispositivo con conexión a internet, cámara de vídeo y audio”, explica Conchi Pérez. “El alumno tendrá la oportunidad de participar durante la sesión, exponer sus dudas o responder a las cuestiones que el profesor les vaya realizando a todos sus alumnos en tiempo real”.

Desde SAMU quieren que este proyecto no se limite solo al actual curso académico, sino que pueda desarrollarse también durante el verano a modo de refuerzo educativo, al igual que el resto de compañeros van a poder tener clases en julio para recuperar los conocimientos que no han podido adquirir como consecuencia del parón provocado por la pandemia. “Si es necesario, este proyecto también puede prolongarse y continuar en septiembre, ya que aún no sabemos a ciencia cierta si la vuelta a las aulas podrá ser completamente presencial”.

El área de Servicios Educativos de SAMU cuenta con una plantilla de más de 70 intérpretes de lengua de signos que prestan servicio de manera presencial durante el curso escolar en centros educativos de la provincia de Almería, Huelva, Jaén, Cádiz y Córdoba.

A partir del 16 de julio, Fundación SAMU gestionará también el servicio de acompañamiento para personas con discapacidad auditiva que ofrece la Comunidad de Madrid, para lo que cuenta con una plantilla de 24 intépretes de lengua de signos.

Reflexiones sobre la gestión de crisis sanitaria de la Covid-19

Las catástrofes existen. Las globales, se dan cada seis o siete años, pero existen también. En diciembre de 2019, en la ciudad china de Wuhan se detectó en humanos un nuevo virus causante de un síndrome respiratorio letal, SARS Covid-19. En junio de 2020, las cifras arrojan más de 7,1 millones de personas contagiadas en más de 185 países del mundo, de las cuales 400.000 han perdido la vida. La pandemia ha reunido todas las características de una catástrofe humanitaria por lo insólito de su expansión, la agresividad de sus manifestaciones, el caos organizativo, el caos psicológico y, sobre todo, por la desproporción trágica entre necesidades y medios. Hay un único culpable: el coronavirus Covid-19.

España vivió su particular punto crítico en marzo y abril con un número de 240.000 afectados y 27.127 fallecidos distribuidos de forma irregular por todo el territorio. Al objeto de suplir carencias de camas de hospitalización, se generó la inmediata necesidad de improvisar unidades de absorción. Se usaron para ello recursos circunstanciales, especialmente hoteles y centros de congresos. Correcto: en la declaración del estado de alarma, a pesar de la profusión de indicaciones sobre confinamiento, transporte, higiene, seguridad, movilidad, etcétera, en ningún momento se determinaron criterios sobre las prioridades asistenciales (triaje), quedando esta decisión a la exclusiva discrecionalidad de profesionales y algunas agencias que se han atrevido a llevarla a cabo, y que, aunque ahora son denostadas, hicieron lo correcto.

El triaje es el primer escalón del proceso asistencial en medicina de catástrofes y tiene como función única y dolorosa adecuar los recursos asistenciales a la situación individual de cada paciente, en beneficio de la mayoría.

Estábamos inmersos en una situación de catástrofe real, documentada y declarada. Por ello, los procesos cambian con respecto a una situación de normalidad y es de rigor evitar la confusión (verdades todas entrecruzadas) creada por la mezcla de emociones de las familias y los profesionales, y las conveniencias políticas.

La jurisprudencia deberá orientarse con cuidado a la hora de marcar responsabilidades porque los criterios de triaje marcan inequívocamente que a la hora de empeñar recursos críticos, entre un paciente sin patología previa y calidad de vida sana y uno añoso pluripatológico (prescindamos de emociones), la medicina de catástrofes decidirá tratar al primero.

La vida misma es selectiva y el mensaje a trasladar debe ser sincero, riguroso y descontaminado. Lejos estamos de emitir juicios de valor sobre determinadas actuaciones. Nos corresponde solo poner de manifiesto que, en situaciones de emergencia colectiva compleja, el triaje se hace necesario para preservar al conjunto de la sociedad asegurando su supervivencia.

En nuestro criterio, las debilidades más significativas de la gestión de esta crisis han estado, fundamentalmente, ligadas a la formación de los gestores y la ausencia de previsiones estratégicas.

Con respecto a los primeros, el modelo de “coordinación” elegido, “mandar por acuerdos”, es solo adecuado en momentos de normalidad. En situaciones de crisis complejas, el proceso adecuado es el de mando y control, por muy políticamente inadecuado que parezca. Es preferible uno, aunque mande mal, que muchos que pretenden hacerlo bien.

La preparación en riesgos biológicos, químicos y nucleares se ha demostrado que es manifiestamente mejorable no solo entre los sanitarios, sino también en profesionales de todos los sectores.

La formación en gestión de crisis deberá formar parte del diseño curricular de cualquier gestor con responsabilidades comunitarias. Deben ser obligatorias la disponibilidad de reservas estratégicas de recursos críticos y el entrenamiento continuado en su manejo. Eso es tratar la curva impidiendo que suba. La reserva estratégica implica, además de disponer de determinados estocajes, la posibilidad de reconvertir por decreto procesos industriales en beneficio del déficit coyuntural manifiesto. La inversión en riesgo es una inversión rentable.

La medicina de campaña recupera protagonismo como elemento de reserva asistencial para situaciones de catástrofes, ya que es cierto que una enfermedad en cualquier parte del mundo “es una enfermedad en todas partes”.

La gestión de la angustia de familiares, pacientes y profesionales se ha revelado como un estándar de calidad asistencial al mismo nivel que la atención medica. Las nuevas tecnologías suponen un paradigma nuevo en el desarrollo de mando y control, así como en la gestión de la angustia familiar.

La teledirección, reforzada con el liderazgo rotatorio sobre el terreno, se ha mostrado logísticamente posible y organizativamente eficiente. Las crisis se gestionan con templanza y determinación con un horizonte único: disminuir el daño final, asumiendo que el buen gestor lo hace con lo que tiene, no con lo que debería haber tenido.

Carlos Álvarez Leiva.

Fundador de SAMU y presidente de Fundación SAMU.

Experto en gestión de crisis.

Dispositivo de SAMU en Hotel Alcora: “Lo más duro ha sido la soledad de la enfermedad”

Las enfermeras Clara Buzón (1991, Sevilla) y Andrea Luis (1995, Algeciras, Cádiz) han sido junto a Saray Toro las responsables máximas del dispositivo sanitario desplegado por SAMU en el Hotel Alcora para atender a personas mayores con Covid-19 durante la mayor crisis sanitaria vivida en España en el último siglo.

—Durante casi 40 días, ambas han estado al frente de uno de los mayores dispositivos sanitarios andaluces levantado fuera de un hospital para atender a personas con Covid-19. ¿Cómo afrontaron este reto?
— [Andrea Luis] Yo llevaba ya tiempo queriendo intervenir de algún modo en la situación de crisis mundial que estábamos viviendo con motivo del coronavirus, pero, al trabajar en la clínica de salud mental SAMU Wellness con colectivos vulnerables, no podía exponerme demasiado. Una noche, mi subdirectora, Clara Buzón, me comunicó que estaría al frente del hospital de campaña del Hotel Alcora. Al principio no me lo creía. Mentiría si dijera que no me lo pensé dos veces. Pero finalmente vi la gran oportunidad que tenía delante y que solo podía agradecer a SAMU la confianza que había depositado en mí. Estuve sola como mando único dos días. La carga de trabajo fue aumentando. Cada vez teníamos más pacientes ingresados y era fundamental crear un equipo de mando y control, al que se unieron Clara Buzón y Saray Toro para así poder descansar y dormir algo.

— [Clara Buzón] En un primer momento, yo iba a estar de apoyo, ya que debía continuar con mis funciones como subdirectora de la clínica de salud mental SAMU Wellness, donde trabajo desde octubre de 2017. Sin embargo, tras pasar allí los primeros dos días, Carlos Álvarez Leiva y Maribel Álvarez me comunicaron que me incorporaría al equipo de mando.

—¿Cómo fueron los primeros días?
—[A.L.] Como todo en la vida, los comienzos no son fáciles. Poco descanso y mucho trabajo. Te adaptas a esa nueva realidad y a una intensa y continua actividad mental. A medida que se iban gestionando los contratiempos y las necesidades, y que el personal se hacía a la dinámica de trabajo, todo fue mejorando. Nosotras estábamos sumergidas en el hotel Alcora, en una burbuja, y siempre tuvimos el apoyo del doctor Carlos Álvarez Leiva, que estaba las 24 horas de los siete días de la semana disponible para nosotras. Se preocupaba mucho por nuestros descansos tanto físicos como mentales. Ha sido un grandísimo apoyo.

—[C.B.] Se nos olvidada comer, dormir, ir al baño… Estábamos tan metidas en el trabajo y en que todo tenía que salir bien que dejábamos todo lo demás a un lado. Hacer que funcione un hospital de campaña de estas características, que se montó en una mañana y esa misma tarde ya recibió a los primeros pacientes, ha sido muy complicado. Pero nada que no se pudiera hacer con un buen equipo, con ganas e ilusión.

—Ambas han estudiado en Escuela SAMU, ¿qué lecciones les han ayudado a hacer frente a este trabajo?
—[A.L.] Todo lo que hemos vivido ya lo había previsto y mencionado el doctor Carlos Álvarez Leiva en alguna ocasión y de alguna forma. Destaco dos frases suyas: “gestión del caos”, y “gestión de la incertidumbre”. Gestión del caos porque inicialmente en toda crisis hay caos. Ser conscientes de eso hizo que lo aceptásemos en lugar de frustrarnos, y buscásemos soluciones en vez de agobiarnos. El desorden va implícito en la primera parte de estas crisis, y cuando cuentas con ello y te enfocas en absorberlo, es mucho más fácil seguir hacia adelante. Y gestión de la incertidumbre porque nunca sabías lo que podía pasar al día siguiente y tenías que ser consciente de que iba a pasar algo. Tenías que estar preparado para abordarlo de la mejor manera posible. Cuando sabes que eso va a suceder, se lleva de mejor forma.

—¿Cómo es trabajar tantas horas con un Equipo de Protección Individual (EPI)?
—[C.B.] Como uno puede imaginarse, esto no es nada cómodo ni sencillo, hace bastante calor con el mono completo, tienes sed, sudas, las gafas se te clavan en la cara cuando llevas ciertas horas, pero todo esto es fundamental para cuidar a los pacientes con el mínimo riesgo posible. A pesar de las dificultades y limitaciones que teníamos con el EPI, el personal asistencial ha estado al 100% y ha logrado hacer la estancia lo más confortable y adecuada a nuestros mayores.

—[A.L.] A mí me ayudaba mucho trabajar a nivel mental y centrarme en el trabajo. La sed, el agobio y el dolor de las gafas clavándose en la piel no desaparecían, pero sí pasaban a un segundo plano. Además, conforme te vestías y desvestías más veces, ibas mejorando los detalles y buscando tus propios trucos, como beber antes suficiente agua, limpiar mejor las gafas para que no se te empañasen o colocarlas en un punto justo para que no te apretasen.

—¿Cuáles han sido las principales dificultades a las que se han enfrentado en el Hotel Alcora?
—[C.B.] A nivel logístico, las principales dificultades que nos encontramos los primeros días fueron la disponibilidad de ropa de los pacientes, ya que venían con muy pocas pertenencias, y la gestión de residuos. Al ser todo material contaminado tenían que ir en contenedores de biorriesgos. Por otro lado, fue muy compleja la gestión del personal. Había mucho personal nuevo en muy pocos días y hacerlos trabajar en equipo fue complicado al principio. A esto se le sumaba el miedo que tenían algunos a contagiarse, pero día a día fueron conociéndose entre ellos y cuál era la dinámica del trabajo. Vieron que tenían la protección individual necesaria para minimizar los riesgos de contagiarse y todo esto hizo que el trabajo saliera bien y que ellos estuviesen cómodos y más tranquilos.

—¿Han tenido miedo de llevar el virus a casa?
—[C.B.] Sinceramente, los primeros días me daba más miedo que se contagiara el personal asistencial a que me contagiara yo. En mi caso, decidí quedarme a vivir en el hotel para evitar poner en riesgo a otras personas, al igual que lo hicieron otros profesionales. Siempre se le dio esta opción a cualquier trabajador del hotel, ya que el riesgo cero no existe y queríamos que pudieran dar seguridad a sus familias.

—[A.L] Creo que esta pandemia nos ha enseñado más del amor por los demás que por nosotros mismos, y el miedo a contagiar a tus seres queridos en muchas ocasiones era mayor que el del contagio propio. En mi caso, también estuve viviendo en el hotel. Todo esto tampoco habría sido posible sin el trabajo de gestión de la logística de Victoria Assaf, que, como gran enfermera que es, nos ha cuidado a todos y nos proporcionaba todo el material de protección necesario sin que nos faltara nunca lo indispensable.

—¿Qué lecciones han aprendido de esta experiencia?
—[A.L.] A nivel profesional puedo enumerar muchísimas cosas, pero para mí, lo peor de esta pandemia sin duda ha sido empatizar con la soledad de la enfermedad. Nosotros trabajábamos con familiares y pacientes y la gestión de la angustia a través de las videollamadas diarias, pero, aunque intentábamos que el triple guante que llevábamos le diera al paciente el calor de un abrazo de un hijo, no es lo mismo. Cuando observas de frente que la vida se te puede ir en un momento, y sin tus seres queridos, todo se ve de otra forma.

—¿Cómo ha sido trabajar con un mando con tres cabezas?
—[A.L.] Las tres nos hemos complementado de una manera mágica. Cada una de nosotras ha transmitido la energía necesaria en cada momento. Y aunque, como en todo, se podrían haber mejorado muchas cosas, y haber hecho otras tantas de otra manera, estoy enormemente orgullosa del equipo que formamos Clara, Saray y yo.

—Por el Hotel Alcora han pasado 89 pacientes procedentes de diferentes residencias de la provincia de Sevilla. ¿Cómo vivían las altas médicas?
—[C.B.] Cada alta era una victoria. Celebrábamos cada alta con música, aplausos… Lo más bonito era escuchar las palabras de agradecimiento de los pacientes que se marchaban. Esto te daba energías para continuar con la lucha. Es difícil explicar con palabras lo emocionante que eran esos momentos.

—¿Y cuando fallecía un paciente?
—[A.L] Por desgracia, por nuestra profesión, estamos más acostumbradas a tener la muerte cerca, pero no por eso ha sido menos complicado. Veías cómo hacíamos todo lo posible y la enfermedad se los llevaba sin más, sin opciones. También era muy duro por la soledad, una de las partes más duras para mí, como he comentado antes. Las despedidas no estaban permitidas. Empatizábamos. Y aunque intentábamos reponernos rápido, se removían muchos sentimientos.

—[C.B.] Sufríamos mucho cuando informábamos a los familiares, ya que los protocolos que había entonces impedían que estos pudieran ver a sus seres queridos y despedirse de ellos. Durante todo este tiempo, ha habido un excelente equipo de psicólogos que realizaban seguimientos a los familiares para apoyarles y ayudarles a pasar el duelo.

—¿Qué ha supuesto para ustedes esta experiencia?
—[A.L.] Profesionalmente lo he vivido como un gran cambio y crecimiento. Yo soy enfermera y me apasiona lo asistencial. Realizar labores de gestión ha sido un nuevo reto, pero indudablemente muy enriquecedor y gratificante. Y en lo personal, una vez más he explorado mis límites. Y que cuando crees que no puedes más, siempre puedes más. Me llevo momentos, sensaciones, emociones y personas que se quedarán conmigo para siempre.

—[C.B.] Ha sido una experiencia única. Quién me iba a decir que iba a estar 40 días viviendo en un hotel, lejos de la familia y amigos. Aunque tengo que decir que siempre estuvimos rodeadas de buenas personas que nos apoyaron y cuidaron, llegando a crear ‘nuestra familia Alcora’. Creo que hasta ahora éste ha sido el mayor reto tanto profesional como personal al que me he enfrentado. Me siento muy agradecida de que me hayan dado esta oportunidad y que hayan confiado en mí para este gran proyecto.

—¿Repetirían la experiencia de estar al frente de una misión de estas características?
—[C.B] Sin ninguna duda, ha sido una misión dura pero muy gratificante.

—[A.L] Por supuesto que sí. Por suerte, la memoria siempre olvida lo malo y se queda con lo bueno, y la satisfacción del trabajo bien hecho es mucho mayor que la dureza del principio. No cabe duda de que hoy somos un poquito mejores que ayer. Y eso le da sentido a todo. Estoy preparada para lo que venga.

—¿Qué mensaje enviarían a la ciudadanía tras lo vivido?
—[A.L] Que se tomen con calma la desescalada, por favor. El virus no ha desaparecido. No hay campañas en televisión que plasmen la realidad de lo que hemos vivido. La gente es menos responsable porque no lo ve y no lo tiene cerca. Muchas personas han muerto solas, y no sólo los más mayores. Pedimos que se respeten las medidas de seguridad y de higiene, y que seamos conscientes de la enfermedad. Esto solo podemos vencerlo todos juntos.

Mamen Martín, Acción Social CaixaBank: «Colaboramos con entidades para transformar la sociedad”

Caixabank ha canalizado 9.000 euros de la Fundación La Caixa hacia Fundación SAMU, en plena crisis sanitaria, para que sean destinados a la adquisición de material sanitario. Hablamos de éstas y otras acciones de la entidad con Mamen Martín Salinas, responsable de Acción Social en Caixabank en Andalucía Occidental y Extremadura.

—Caixabank ha llevado a cabo una serie de acciones sociales para apoyar a empresas y entidades que luchan contra el virus. ¿Cuáles destacaría?
—Efectivamente. Para paliar parte de los efectos de la pandemia del coronavirus Covid-19, desde CaixaBank, a través de nuestra Acción Social y en colaboración con la Fundación “la Caixa”, hemos desarrollado diferentes acciones de apoyo a los colectivos más vulnerables. Estamos en contacto y estableciendo colaboraciones económicas con las corporaciones públicas para facilitar en lo posible la atención a estos colectivos. También desde nuestra red de oficinas estamos contactando y gestionando diferentes colaboraciones, a través de la Fundación “la Caixa”, con multitud de entidades sociales para detectar necesidades especiales del momento y tratar de ayudar en las acciones que están llevando a cabo en esta situación crítica. Por dar un ejemplo, hemos reforzado el proyecto Comedores con Alma, puesto en marcha hace seis años, y en el que participan 136 comedores de toda España que durante estos días han intensificado el reparto de alimentos de primera necesidad entre la población con menos recursos ya que están recibiendo un incremento considerable de usuarios. La aportación total a estos comedores ha alcanzado el millón de euros.

—Caixabank ha colaborado con Fundación SAMU a través de la donación de 9.000 euros, que se destinará a material sanitario. ¿Cómo surge esta acción?
—Queremos estar al lado de los que más lo necesitan y por ello hemos sumado fuerzas con Fundación SAMU para paliar los efectos del coronavirus y atender las necesidades de la población afectada. Esta donación ha permitido dotar de material sanitario a los cinco dispositivos de urgencias y emergencias contra el Covid-19 que la Fundación SAMU ha mantenido en Madrid, Andalucía y Castilla La-Mancha. Para nosotros supone una gran satisfacción haber contribuido a esta labor tan importante en un momento de emergencia sanitaria.

—¿Por qué Caixabank ha decidido incluir a Fundación SAMU entre los beneficiarios de sus acciones?
—Colaboramos con entidades sin ánimo de lucro para transformar la sociedad. Fundación SAMU lleva haciéndolo desde hace ya muchos años ofreciendo una atención integral y de calidad a personas en situación de vulnerabilidad a través de su red de centros socio-sanitarios.

—Caixabank y la Fundación La Caixa ya había colaborado anteriormente con Fundación SAMU. ¿Podría destacar algunas de estas acciones?
—Mantenemos una relación muy estrecha y son muchos los proyectos que compartimos. Especialmente me gustaría destacar las últimas colaboraciones con el programa de Voluntariado de CaixaBank. Recientemente hemos impulsado una iniciativa para compartir conocimientos básicos sobre uso seguro de internet y de la banca online con 100 jóvenes de los centros de Fundación SAMU, ubicados en las localidades sevillanas de Castillo de las Guardas, Fuentequintillo, Sevilla capital, Valencina y Alcalá de Guadaira. En total, siete voluntarios del programa, todos ellos con conocimientos técnicos sobre ciberseguridad y comprometidos con el desarrollo de jóvenes en riesgo de exclusión, han ofrecido sesiones de formación por videoconferencia, dada la situación de excepcionalidad generada por la epidemia de Covid-19.

—¿Hay vocación de futuro en la colaboración de ambas entidades? ¿Qué destacaría de la labor social y asistencial de SAMU?
—Por supuesto. La Fundación SAMU está liderando numerosos proyectos en el ámbito de la salud en Andalucía. Tiene todo nuestro reconocimiento la gran labor que realiza esta fundación en servicios de salud y emergencia social, atención a personas dependientes, inmigración e intervención en catástrofes internacionales. Especial relevancia tiene el trabajo que mantiene con la atención y acogida de menores extranjeros no acompañados. Ambas entidades compartimos objetivos y de ahí nuestra voluntad de seguir compartiendo proyectos juntos.

—Fundación La Caixa y Caixabank han impulsado la campaña “Ningún hogar sin alimentos” con motivo de la crisis, con resultados impresionantes tanto de captación como de apoyo social y de personalidades. ¿Cómo lo están viviendo desde dentro?
—Lo estamos viviendo como una ola solidaria. Es una campaña que está siendo todo un referente a nivel nacional por la gran colaboración que estamos recibiendo de toda la sociedad. Hay más de 300.000 familias que nos necesitan y ya hemos superado los dos millones de euros que irán destinado a ellas mediante los Bancos de Alimentos.

—¿Cómo está reaccionando el voluntariado andaluz a esta crisis?
—La situación de confinamiento ha obligado al voluntariado a reinventarse. Como muestra, desde la asociación de Voluntarios de “la Caixa” formada por empleados, familiares, clientes y amigos hemos desarrollado actividades de voluntariado online para estar cerca de las personas más vulnerables. La primera acción específica que se lanzó fue la de Cartas contra la soledad para hacer llegar ánimos a personas mayores que están en residencias. Ha sido una manera de mantener el contacto con ellos y ha sido un éxito.

SAMU pone en marcha un laboratorio con impresora 3D para producir objetos de uso sanitario

SAMU, a través de su departamento de Ingeniería, ha puesto en marcha con motivo de la crisis del Covid-19 un laboratorio de fabricación digital (FabLab). Es un espacio de producción no industrial de objetos físicos mediante una impresora 3D controlada por ordenador y en el que se fabrican mascarillas de adultos e infantiles, salvaorejas, pantallas faciales protectoras, válvulas para adaptar máscaras de buceo como respiradores y tráqueas artificiales para que alumnos y profesionales puedan practicar traqueotomías en Escuela SAMU, entre otros objetos.

“Durante la pandemia, todos nosotros, y en particular por su especial responsabilidad la dirección de SAMU, sentíamos la necesidad moral de luchar con todos los medios y las fuerzas a nuestro alcance contra la escasez de medios de protección individual que existía. Por ese motivo, propuse este proyecto que llevábamos acariciando algún tiempo”, explica Juan Antonio Tocino, responsable del departamento de Ingeniería de SAMU. “El proyecto arrancó el viernes 21 de marzo con la llegada a SAMU de una impresora 3D, y ese mismo fin de semana ya empezamos a imprimir piezas para luchar contra el Covid-19”.

El FabLab ha producidos desde que comenzó su actividad unas 300 unidades de diferentes objetos. “Es una cantidad importante para un modesto espacio de creación que acaba de nacer con vocación de crecer, completar la maquinaria que nos falta, y con el deseo de acreditarnos oficialmente”, manifiesta Tocino, que trabaja en este proyecto junto a Jorge Ávila.

En Sevilla, al igual que en otros puntos del país, existe un importante movimiento de personas y organismos que han empezado a imprimir objetos en 3D para luchar contra el coronavirus a nivel individual, a veces, en sus propias casas. En Sevilla, uno de los FabLab con mayor producción es el de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, en el que participan unos 150 voluntarios, y que han fabricado unos 20.000 piezas de equipos de protección individual, según datos de la Universidad.

“Durante la pandemia ha existido un gran espíritu de colaboración a nivel internacional y se ha puesto a disposición de la comunidad 3D todo tipo de modelos para su impresión. En el caso del respirador hospitalario, existía un modelo publicado de adaptador para acoplarlo a la máscara de buceo de la marca Decathlon, pero, sin embargo, no existía (y tuvimos que crear uno en SAMU) para el respirador pulmonar portátil, que hemos puesto a disposición de la comunidad 3D”, anota Juan Antonio Tocino. “Existe mucha colaboración entre todos las personas y organismos que estamos imprimiendo en 3D, tanto para resolver dudas como para compartir elementos y resultados de impresión”.

SAMU ha estado en contacto con varios grupos de impresión 3D de carácter médico y técnico, entre el que destaca el único grupo radiológico en 3D que existe (rsna.webwx.com), avalado por la Sociedad Americana de Radiología. Además, el equipo de Juan Antonio Tocino también ha contado para este proyecto con la colaboración de la doctora Ana Moreno Ballesteros, del Servicio de Radiodiagnóstico y Medicina Nuclear del Hospital Virgen Macarena de Sevilla; y la de Javier García Sola, del área de Arquitectura de la Sociedad Estatal de Correos y Telégrafos de España.

Los menores de Huesca cogen aguja e hilo

Los menores extranjeros no acompañados de Aragón se han puesto las pilas durante el confinamiento y se han embarcado en la tarea de confeccionar mascarillas caseras y escribir mensajes de ánimo para las personas mayores y realizar pasatiempos que hagan más llevadero el aislamiento.

Uno de los centros de protección de menores aragoneses implicados en este proyecto ha sido el recurso de SAMU Huesca, (Centro Residencia Fueros), de donde partió la idea gracias a la de la directora y la subdirectora de esta unidad. Tras conocer el proyecto, Fundación SAMU proporcionó a los chicos de este dispotivo tres máquinas de coser procedentes de la Escuela de Oficios de SAMU, en Gelves (Sevilla), además de vídeos formativos y tutoriales donde se explicaba el procedimiento de elaboración.

En un primer momento, los chicos de SAMU Huesca fabricaron mascarillas autoabastecimiento y, a continuación, comenzaron a coser más mascarillas para abastecer a aquellos centros de Aragón que lo necesitaran, a través de la Dirección Provincial del Instituto Aragonés de Servicios Sociales en Huesca.

“Cuando tuvimos 140 mascarillas, nos pusimos en contacto con el Instituto Aragonés de Servicios Sociales (IASS) para donárselas y que las repartiera por diferentes residencias”, explica Mara Andreu, directora del centro.

Estos jóvenes han tenido que aprender a coser ex profeso. “Al principio, el proceso de aprendizaje fue lento, no dejan de ser adolescentes. Pero poco a poco fueron cogiéndole el truco. Además, teníamos el apoyo de la subdirectora del centro, Tania Romojaro, que sabe coser, y de dos chicos que habían trabajado en confección”, relata Mara Andreu.

La respuesta de los chavales a esta actividad ha sido muy favorable. Lo hacen a gusto, con ganas, aunque al principio nos costó que entendiesen el sentido del confinamiento, sobre todo porque tienen una edad complicada en la que se hace difícil no salir a la calle, no relacionarse con amigos, o no ver a tu novio o novia. Pero el modelo cívico que están dando los ciudadanos oscenses quedándose en casa, sólo saliendo para lo básico, llevando mascarillas y respetando las distancias, les ha servido a estos jóvenes para comprender que esto no es un arbitrariedad,”, señala el subdirector provincial de Protección a la Infancia de Huesca, Javier Ferrer, en Europa Press.

En lo que respecta a la fabricación de mascarillas, los menores siguen todas las recomendaciones higiénico-sanitarias indicadas: llevan guantes, se cubren la nariz y la boca, se lavan frecuentemente las manos y desinfectan el lugar de trabajo. “Ahora nuestro reto es hacer mascarillas de dos tamaños, para que puedan usarlas los niños. Cuando tengamos 150 mascarillas, las donaremos a diferentes asociaciones”, relata la directora del centro.

“Estamos encantados con esta iniciativa porque es algo que sirve a los propios chicos para ocupar su tiempo y les hace sentirse útiles”. Según Javier Ferrer, también es útil para los adultos que están trabajando con ellos y ayudan a formar “ciudadanos cívicos” que forman parte, con su diversidad, de la sociedad del siglo XXI.