José Antonio Rodríguez, ‘Sabiduría’, TES: “En SAMU llevamos años preparándonos para esto”

José Antonio Rodríguez (Sevilla, 1973) -conocido por sus compañeros como ‘Sabiduría’- formó parte el 21 de marzo del primer equipo de profesionales de SAMU que acudió a Madrid para colaborar en el traslado de mayores infectados por el Covid-19, misión en la que ha participado durante 25 días.

—Tras 25 días de duro trabajo en Madrid, ya está en casa. ¿Cómo ha sido la vuelta?
—He estado unos días en aislamiento de manera preventiva, ya que he trabajado casi un mes con pacientes infectados con coronavirus. Me han hecho las pruebas y los resultados han dado negativo. Pocas horas después de conocer el resultado, me fui a Escuela SAMU, donde trabajo desde hace más de un año en el área de logística.

—¿Por qué decidió presentarse voluntario para participar en la misión de apoyo a Madrid en plena crisis sanitaria?
—Mis compañeros dicen que me apunto a un bombardeo. Lo cierto es que hago mucho voluntariado y me gusta ayudar a los demás. Antes de entrar a estudiar en SAMU, ya colaboraba con Protección Civil. Yo soy así y mi familia ya está acostumbrada.

—¿Cuál fue su impresión al llegar a Madrid?
—Fue una sensación muy extraña. No reconocía la ciudad. Yo conozco Madrid en otras circunstancias, llena de gente y con atascos. Madrid estaba vacía. No había nadie en la calle. Los madrileños ya llevaban 10 días confinados cuando llegamos. Sabías que estabas en Madrid pero no la sentías.

—¿Cuántos profesionales eran en el primer contingente?
—Éramos tres personas, dos Técnicos de Emergencias Sanitarias y una enfermera. Fuimos un poco a modo de avanzadilla, como apoyo asistencial. No sabíamos muy bien qué nos íbamos a encontrar, pero lo cierto es que antes de que llegáramos ya nos estaban esperando.

—¿A qué se refiere exactamente?
—Después de ocho horas de viaje, directamente, sin ni siquiera pasar por el hotel para dejar nuestras cosas, tuvimos que trasladar a tres pacientes contagiados desde las residencias de mayores en las que vivían hasta un hospital. En uno de los traslados tardamos una hora en llegar, y eso que no había tráfico. No conocíamos el terreno, utilizábamos el GPS.

—¿Cómo ha vivido estas situaciones a nivel personal?
—Ha sido una experiencia brutal, con muchos sentimientos encontrados. Tú tienes unas costumbres, una formación. En tu ser está atender a todo el mundo. Pero cuando llegas a un hospital y te echan para atrás a un paciente enfermo, te rompen tus esquemas. Cada vez que salías con la ambulancia era una aventura. Nunca podríamos habernos imaginado lo que ha ocurrido.

—¿Cuántos traslados realizaban al día?
—Depende. Había días en los que podíamos hacer tres o cuatro traslados y otros, siete. Lo malo era que no conocíamos el terreno, que nos movíamos por toda la Comunidad de Madrid y había trayectos muy largos.

—¿Cómo ha sido la relación con el resto de profesionales de Madrid? ¿Cómo les recibían?
—Muy bien. El SUMMA 112 nos ha apoyado mucho. También hemos tenido el respaldo de los bomberos y de la UME (Unidad Militar de Emergencias), con los que hemos colaborado en varias ocasiones. Nos conocían como los sevillanos, estábamos en todos lados. Nosotros teníamos la base en el mismo hotel donde nos quedábamos a dormir. Todos los que estábamos en el hotel éramos sanitarios que habían decidido dormir lejos de sus familias mientras durara la crisis por precaución. La Policía también venía a vernos, nos preguntaba si necesitábamos algo y nos ayudaba con la revisión de los vehículos.

—¿Cuál ha sido el momento más duro de esta misión?
—El día que clausuraron una residencia con 40 abuelos, 20 de ellos sin posibilidad de movilidad, y tuvimos que repartirlos entre hospitales y residencias de la zona. Ese fue un día de mucha tensión. Aunque, sin duda, los primeros días fueron los peores, cuando trasladabas a un abuelo a un hospital y al día siguiente preguntabas por él y había fallecido. Eso te desanimaba.

—¿Cómo conseguían animarse tras estas situaciones?
—El apoyo de los compañeros y de los vecinos ha sido fundamental. En estas situaciones es muy importante el apoyo de la persona que tienes al lado y yo he tenido suerte. A mi lado he tenido compañeros maravillosos.

—¿Sigue activa la misión?
—Sí, hay nueve compañeros que siguen en Madrid.

—Por curiosidad, ¿por qué sus compañeros le llaman ‘Sabiduría’?
—¿Se ha fijado en mi año de nacimiento? Yo entré en la Escuela para estudiar el curso de FP de TES hace unos tres años. Todos mis compañeros tenían veintipocos años. Yo era el padre de todos y empezaron a llamarme Sabiduría y con ese apodo me he quedado.

—¿Por qué decidió estudiar en Escuela SAMU?
—Me dedicaba a la osteopatía y la acupuntura. También estuve en Protección Civil y surgió la oportunidad de estudiar el curso de TES, que me interesaba mucho. Estuve viendo diferentes centros y cuando conocí las instalaciones de Escuela SAMU en Gelves lo tuve claro: dónde iba a estudiar mejor que aquí.

—¿Recomendaría a sus conocidos estudiar en Escuela SAMU?
—Mucho. De hecho, mi hijo de 16 años está estudiando allí ahora el curso de FP de Técnico de Emergencias Sanitaria, lo mismo que hice yo.

—¿Cree que la formación recibida ha sido la adecuada?
—Muchas veces, en los simulacros y acampadas, nos preguntábamos para qué nos iba a servir una formación de esas características a nosotros. Y aquí estamos, en plena crisis sanitaria de alcance mundial. El jefe [Dr. Carlos Álvarez] tenía razón. Siempre ha tenido visión de futuro. SAMU lleva años preparando a sus alumnos para una crisis así.

 

Rochelambert: Construir un hogar en plena pandemia

Fundación SAMU participa junto con otras administraciones, entidades e instituciones sociales en el desarrollo del dispositivo de atención social puesto en marcha por el Ayuntamiento de Sevilla para dar respuesta a las necesidades generadas por la pandemia.

Este dispositivo social se basa en tres grandes líneas de actuación: ayuda a domicilio, ayuda alimentaria y asistencia a personas sin hogar. Este último programa cuenta con 700 plazas distribuidas entre tres pabellones deportivos, uno de los cuales, en el barrio sevillano de Rochelambert, está gestionado por SAMU.

“Nos llamaron desde el Ayuntamiento para que levantáramos un hogar para las personas sin techo para que pudieran cobijarse en estos días de confinamiento. En el momento en el que recibimos la llamada, pusimos en movimiento nuestra logística”, cuenta Borja González de Escalada, vicepresidente de Fundación SAMU y responsable del recurso de Rochelambert.

“En sólo 24 horas ya estábamos listos para recibir a los primeros usuarios. El catering con la comida preparada, las camas montadas con sus sábanas y mantas, toallas, productos de higiene… Y a las 48 horas, las personas del recurso ya podían disfrutar de televisor, lavadora, secadora y diferentes actividades de ocio. Desde entonces, nuestro objetivo principal ha sido mejorar día a día el confort de estas personas”, continúa el responsable del recurso.

Borja González de Escalada recuerda que SAMU tiene una amplia experiencia en la puesta en marcha de recursos en un tiempo récord, especialmente en lo que respecta a centros de menores.
“Nuestro trabajo nos ha permitido desde hace dos años crear una red de proveedores de todo tipo por toda España que nos ayuda mucho en estos casos de emergencias y en los que tenemos que abrir un recurso de forma exprés”, señala González de Escalada. “Tenemos un proveedor de ropa que en menos de 24 horas nos envía material a cualquier punto de España, por ejemplo. Además, en nuestra base logística contamos con mobiliario, así como camas y colchones, y tenemos una lavandería propia”.

El responsable de este recurso dirigido a personas sin hogar reconoce que una de las mayores dificultades que se han encontrado a la hora de poner en marcha este centro provisional ha sido la configuración del equipo de profesionales en pleno estado de alarma y confinamiento. “No ha sido fácil porque, además del estado de alarma, muchas personas no se veían capacitadas para trabajar con este tipo de colectivo, que, en muchas ocasiones, sufren adiciones, patologías o resultan conflictivos”.

El equipo de SAMU al frente de este dispositivo de Rochelambert está formado por 35 profesionales y 10 voluntarios. Son personas del ámbito sociosanitario, como trabajadores sociales, auxiliares de clínica, técnicos de emergencias y auxiliares técnicos educativos. Este centro cuenta con 60 plazas pero, si las circunstancias lo requieren, puede ampliarse hasta 100.

“Las personas que atendemos en este recurso han resultado ser muy tranquilas, colaboradoras y agradables. No hemos tenido ningún incidente ni conflicto hasta la fecha. Ellos colaboran mucho en lo que se refiere a la limpieza y la lavandería”, apunta Borja González de Escalada. “Hay que tener en cuenta que son personas que llevan mucho tiempo viviendo en la calle. A muchos les resulta muy complicado estar confinados y adaptarse a esta situación. Por eso no son pocos los que llegan y se marchan al poco tiempo”.

Además de cubrir las necesidades de estas personas, el equipo de SAMU realiza labores de apoyo como acompañamiento médico, trámites administrativos e incluso búsqueda de empleo. También se llevan a cabo talleres ocupacionales y se busca conceder tareas y responsabilidades a los usuarios para facilitar su estancia.

El Ayuntamiento de Sevilla, a través de la delegación de salud, ha realizado a todo el personal de SAMU que trabaja en este recurso las pruebas pertinentes para comprobar si han sido infectados por el virus Covid-19, ya que se desconoce el estado de salud de las personas que acuden a este centro. Todos han dado negativo. “No tenemos la posibilidad de realizar pruebas a todas las personas que llegan al centro. Si tenemos alguna sospecha, enviamos a esta persona a una zona de aislamiento y la confinamos allí, donde está al cuidado de profesionales con equipos especiales de protección”, explica Borja González de Escalada.

Recientemente, el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, junto a los delegados de Bienestar Social y Empleo, Juan Manuel Flores; Gobernación y Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera; y Transición Ecológica y Deportes, David Guevara, visitaron estas instalaciones para reconocer y destacar el trabajo realizado por SAMU.

Hasta el 20 de abril, el programa de atención a personas sin hogar había atendido a 629 personas en los tres dispositivos gestionados por el Ayuntamiento a través del Instituto Municipal de Deportes y Bienestar Social, SAMU y Cruz Roja.

En el Hotel Alcora frente al coronavirus: un alta, una victoria

EL 27 de marzo, el Hotel Ilunion Alcora, en San Juan de Aznalfarache (Sevilla), pasó de ser un alojamiento turístico a convertirse en un centro asistencial medicalizado para ancianos afectados por el Covid-19 y procedentes de diferentes residencias de mayores de Sevilla. SAMU se ha volcado en una de sus misiones más complejas y emotivas, en la que han participado 109 compañeros y que finalizó el 3 de mayo con 64 altas registradas. Ésta es la historia de cómo el Hotel Alcora se convirtió en la última esperanza para muchas personas mayores en su lucha contra el coronavirus.

En un tiempo récord, el equipo de SAMU logró levantar, por orden de la Junta de Andalucía, un centro asistencial con cinco salas medicalizadas, boxes de cuidados intensivos y habitaciones habilitadas para el descanso del propio personal sanitario. “El 27 de marzo por la mañana empezamos a montar el centro y esa misma tarde llegaron los primeros pacientes. Estuvimos recibiendo pacientes hasta las cinco de la mañana”, recuerda la enfermera Saray Toro Gutiérrez, miembro del equipo de coordinación y mando de este dispositivo junto con las enfermeras Clara Buzón García y Andrea Luis Castillo.

Este recurso tiene capacidad para un total de 110 pacientes distribuidos en distintas salas, según su nivel de dependencia para el desarrollo de las actividades básicas de la vida diaria. Aquí trabajan 109 profesionales, entre personal de mando y control, cocineros, técnicos de emergencias sanitarias (TES), técnicos de cuidados auxiliares de enfermería (TCAE), enfermeros, médicos, personal de limpieza, logistas y personal de bioseguridad.

“Estos últimos son una figura muy importante, ya que velan por la protección de todo el personal asegurando una correcta colocación de los equipos de protección individual (EPIS) y vigilando durante el proceso de retirada para asegurar la exquisita descontaminación del personal”, explica Saray Toro.

La enfermera reconoce que los primeros días fueron “caóticos”. “Nuestros mayores esfuerzos iban destinados a la logística, la organización y dotación de todos los recursos materiales y personales. La gestión de los residuos y la atención a los familiares fueron los puntos clave y más importantes en el arranque de este dispositivo”, señala la especialista. “Desde el primer día establecimos un protocolo de limpieza tanto en ‘zona limpia’ como en ‘zona contaminada’ ya que siempre hemos tenido claro que la higiene y desinfección era primordial e indispensable en un medio como éste”.

La principal dificultad con la que se ha encontrado el equipo de SAMU fue trabajar con una patología nueva y prácticamente desconocida como es el Covid-19. “Nuestros primeros esfuerzos, antes de la entrada de los pacientes, estuvieron destinados a la correcta sectorización de todo el espacio en zona limpia, zona templada y zona contaminada. A esto le sumamos la formación previa de todo el personal en la colocación y retirada de EPI (Equipos de Protección Individual), lo que supuso un esfuerzo importante de nuestros compañeros”, relata Saray Toro.

“Con el dispositivo ya en marcha, todos tuvimos que adaptarnos al entorno y a la comunicación a través de walkie talkie entre el personal de las salas y el puesto de mando. En una situación como ésta, una comunicación exquisita y detallada es clave para prever contratiempos y necesidades. Las dificultades con las que nos fuimos encontrando se fueron subsanando con la colaboración del gabinete de crisis, que está integrado, entre otros, por el doctor Carlos Álvarez Leiva, fundador de SAMU, con el cual tenemos telecomunicación las 24 horas del día, todos los días de la semana”, continúa la enfermera. “El gabinete de crisis es un pilar fundamental para todas las personas que estamos en primera línea, ya que además de ofrecernos su apoyo constante, realiza funciones esenciales de gestión”.

Todos los pacientes del Hotel Alcora son personas mayores. Su edad media ronda los 84 años. Algunos son totalmente autónomos y están orientados pero también existe otro grupo de pacientes que son grandes dependientes y que necesitan asistencia para todas las actividades básicas del día a día. “El trato con los pacientes es muy gratificante. Intentamos ser lo más cercanos posible siendo conscientes del miedo o la angustia que puede generar el EPI y el estar en un entorno desconocido”, señala Saray Toro.

Pese a las adversidades, el trabajo duro, el esfuerzo y el desánimo que supone el fallecimiento de algún paciente, hay algo que les impulsa y les motiva día a día: las altas médicas. Durante el tiempo de actividad de este recurso, 64 ancianos han superado el coronavirus y han regresado a casa con sus familiares o a sus residencias de origen.

“Cada alta es una celebración, un aplauso a la salida del paciente, una batalla más ganada. Es un momento muy emocionante. Todo el personal lo vive con mucha ilusión y alegría. Las altas médicas son el resultado del esfuerzo y el trabajo de todo el equipo. Ver a los pacientes sonreír y emocionarse es la mejor recompensa a nuestro esfuerzo”, narra Saray Toro, uno de los tres mandos del dispositivo. “Los pacientes salen agradecidos e ilusionados por poder, por fin, conocernos y ponernos caras. Hay que tener en cuenta que hasta ese momento sólo nos han visto con el EPI puesto y sólo nos reconocen por la voz y los ojos a través de las gafas y la pantalla de protección. Nos cuentan que llegaron con miedos e incertidumbre y que aquí, aparte de cuidarles y curarles, hemos conseguido que se evadan de la situación”.

Una de las preocupaciones del equipo de SAMU ha sido la gestión de la angustia de los pacientes. Desde el primer día trabajan en este aspecto. Para ello, se realizan actividades que favorecen la estimulación cognitiva. Además, cuentan con la colaboración de una fisioterapeuta que ayuda a la estimulación física de los pacientes y realiza fisioterapia respiratoria que favorece la evolución favorable de la patología en cuestión.

“Los fines de semana, además de un acto religioso los domingos, intentamos realizar alguna actividad lúdica. Este sábado hemos tenido un almuerzo especial en honor al inicio de la Feria de Abril. Los pacientes han comido pescado en un entorno lúdico en el que se ha recreado una caseta de feria con farolillos y sevillanas”, relata la enfermera.

En otra ocasión, Manuel Muñoz, un exalumno de Escuela SAMU, exconcursante del programa de televisión La Voz y miembro del equipo asistencial, cantó y tocó la guitarra para los mayores. “Para los pacientes fue una bocanada de aire fresco, marcó un antes y un después en el estado anímico tanto de los pacientes como del personal. Fue un momento emotivo y muy positivo para todos”, recuerda Saray Toro.

Especial importancia tienen también las videollamadas a los familiares, que ayudan a mantener el contacto y a que tanto los pacientes como sus allegados se tranquilicen al poder comunicarse.
La enfermera Saray Toro reconoce que poder coordinar in situ este dispositivo junto a sus compañeras Clara Buzón García y Andrea Luis Castillo está siendo “una experiencia gratificante y enriquecedora pese a lo difícil de la situación”.

“Las tres nos atrevemos a confirmar todas seremos distintas después de esta experiencia. Hemos crecido mucho tanto profesional como personalmente”, sostiene.

Los profesionales del Hotel Alcora han trabajado más de un mes intensamente, pero han tenido claro su objetivo. “Tenemos un equipo con un alto nivel de profesionalidad, valentía y humanidad. Y pese a todas las dificultades que hemos ido sorteando, las fuerzas del grupo se han mantenido e incluso han crecido”, subraya Toro. “La mejoría clínica de los pacientes, las altas médicas, la coordinación y el trabajo del grupo para seguir mejorando día a día es algo que nos alimenta y nos ha mantenido fuertes”.

Carlos Álvarez Leiva, presidente de la Fundación SAMU: Reflexiones sobre la gestión del Covid-19

La gestión de una crisis es un compendio de actuaciones estratégicas, tácticas y logísticas encaminadas a disminuir el daño de un peligro presente. La visión global determina los esfuerzos de dirección, coordinación, mando y control, elementos clave de la solución, sin olvidar algunos principios básicos como la necesidad de priorizar sin ambages (lo primero es lo primero, lo segundo es lo segundo y lo tercero es lo tercero) y tener presente que decidir es una cosa y mandar es otra (en este caso deberán ser decisiones técnicas seguidas de mandatos políticos). El daño final que determine una pandemia depende de las características del agente agresor y de la vulnerabilidad de nuestro sistema.

Cualquier crisis, en el momento de su presentación, produce una doble curva antagónica que coincide con un aumento fulgurante de la demanda y el agotamiento en paralelo de los recursos. A saber, mascarillas, desinfectantes, equipos de protección, agotamiento de recursos humanos y mucho más.

Estas tendencias evolucionan hasta un punto crítico de máximos y mínimos que tienden siempre al restablecimiento del equilibrio anterior o a la destrucción total (entropía), que evidentemente es algo que no va a ocurrir en nuestro caso. Esto siempre quiere decir que la crisis es temporal. Y esto es muy importante.

Las necesidades son cronológicamente superpuestas y diferentes, y la respuesta se va modulando en virtud de múltiples factores organizativos, logísticos y asistenciales, buscando volver al punto de equilibrio inicial.

De este análisis extraemos que nuestra vulnerabilidad es multifactorial y que debemos trabajar en su neutralización con medidas progresivas que tiendan a devolvernos, en el menor tiempo posible, a la normalidad.

La resiliencia es la clave. Está en función de nuestras capacidades de respuesta reforzada al problema, y ello pasa por la protección que podamos prestar a las poblaciones de riesgo y, sobre todo, a los que están sanos.

Nuestra sociedad tiene un sistema de vida saludable, conviene recordarlo, por primitivo que parezca, porque el resultado de una agresión, aún con el mismo factor de daño, es diferente según donde ocurra. No tiene el mismo efecto un terremoto en el desierto que en una población con mar, por ejemplo, y masificada, siendo el mismo terremoto.

En nuestra capacidad de absorción figuran hábitos de vida e higiene con grandes consumos de agua, alimentación con tendencia al sobrepeso y una infraestructuras de salud catalogadas entre las mejores del mundo.

Ahora solo estamos en un momento de tensión del sistema, de un sistema que es reversible gracias a la elasticidad que le confieren nuestras capacidades tanto de recursos humano como técnicos. Esta crisis tiene sus días contados y pasará. Hemos de procurar que las curvas de tendencia se aplanen, ganar tiempo para la gestión, tiempo para la retroalimentación, disminuyendo los picos de críticos, de forman que podamos ir adecuando la oferta a la demanda.

Es importante trasladar tranquilidad gesticular, con actuaciones concretas y entendibles. Sabemos lo que está ocurriendo y lo que está por venir. Eso tranquiliza porque absorbe incertidumbre ante el ciudadano.

El sistema de gestión impuesto por el Gobierno es adecuado, con un proceso de liderazgo rotatorio, según el momento y el estado del problema, con una visión del conjunto y una delegación responsable de funciones de mando y control, con un único elemento de decisión. Aunque ese único elemento pueda estar contestado, tampoco podemos olvidar que otro principio básico en la gestión de crisis es que es mejor que mande uno mal a que manden dos bien.

Expuesta esta Teoría de la Vulnerabilidad, la aplicación concreta de la misma a nuestro caso pasa por la exposición clara de que tenemos el control de la situación, sin menospreciar las tensiones de momentos. Todo obedece a una dinámica demostrada científicamente con un patrón evolutivo conformado.

Proteger a las personas de riesgo y reforzar “los recursos llave” son la única respuesta adecuada, sin paliativos, con decisiones serenas, inapelables y aplicando una disciplina militar en el cumplimiento de lo mandatado. Insisto: sin paliativos. Es un momento de crisis global.

La respuesta hospitalaria debe adecuarse a la medicina de guerra, con triaje adaptado y economía de los recursos existentes. Lo mejor para los pacientes más graves (salvables), con lo que se asegura la supervivencia de la mayoría, hasta que en un segundo tiempo lleguemos al resto con capacidades reabastecidas.

El triaje se inicia en la casa de cada uno. Al hospital solo se puede acudir en circunstancias excepcionales. Los hospitales solo pueden admitir a pacientes con riesgo de vida, salvables. Y debemos hacerlo con la serenidad y el convencimiento de que son unas medidas temporales, en beneficio de la comunidad.

Otras actuaciones necesarias son aplazar intervenciones no críticas y configurar un pool único entre los servicios de anestesia y cuidados críticos para aumentar la capacidad de dar soporte de vida temporal a pacientes críticos y además disminuir la presencia física de personal “llave” en el centro.

Hemos de preservar recursos para tener elementos en reserva. Agotarlos es un error con graves consecuencias.

No son tiempos de consenso. Son tiempos de decisiones no siempre bien comprendidas pero tomadas con el convencimiento de que la gestión de una crisis obedece a unos patrones fijos y predeterminados.

Esta pandemia pasará, dejando como principal secuela la evidencia de la fragilidad de la aldea global o su fortaleza, depende en gran parte de la gestión técnica que permitan los políticos.

Captación de voluntarios: Una barrera solidaria contra la incertidumbre

En una nueva acción para luchar contra la propagación del coronavirus Covid-19 en España, SAMU a través de su Fundación, hizo el domingo 22 de marzo un llamamiento público para reclutar voluntarios de diferentes categorías profesionales. En sólo dos días, más de 600 personas respondieron a la convocatoria, que se ha convertido en un enorme éxito.

De todos los candidatos presentados, SAMU ha seleccionado a 60 voluntarios, en función de criterios de idoneidad, pertenecientes a los siguientes perfiles: médicos, enfermeros, técnicos de emergencias sanitarias, auxiliares de clínica, farmacia, estudiantes de Medicina, especialistas en logística, psicólogos, educadores, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, conductores, personal de mantenimiento, costureras y monitores.

Fundación SAMU ha habilitado un centro de recepción de voluntarios en la Escuela SAMU de Gelves (Sevilla). En grupos reducidos de en torno a diez voluntarios al día y con las máximas medidas de protección para garantizar la seguridad, los voluntarios van pasando por las instalaciones de la Escuela para recibir formación en autoprotección con el objetivo de que puedan incorporarse cuanto antes a las diferentes labores asignadas dentro de la organización.

La formación que reciben estos voluntarios va desde el esencial lavado de manos hasta cómo ponerse y, lo que es más importante, cómo quitarse sin contaminarse un equipo de protección individual. Aquellos voluntarios con un perfil sanitario reciben una formación más específica a modo de recordatorio de sus propios conocimientos.

Una vez formados, estos voluntarios se están incorporando a un retén al que recurrirá SAMU en el caso de que sea necesario personal para las distintas misiones de la organización, como traslado de pacientes, funciones logísticas o apoyo psicológico, entre otras acciones.

“Nos estamos preparando para una situación que puede empeorar. Todos deseamos que, en los días venideros, la situación mejore, especialmente en Andalucía. Pero SAMU, como institución, está trabajando también en otras comunidades como Madrid, donde la crisis se complica por momentos. Tenemos un equipo de profesionales trabajando ya allí, pero a veces éstos necesitan apoyo”, señala Carlos González de Escalada, director general de SAMU. “Esta formación es fundamental para preservar la seguridad de los voluntarios”.

SAMU agradece a todos los voluntarios su respuesta y ha hecho un nuevo llamamiento para seguir reclutando los perfiles más demandados: profesionales sanitarios o estudiantes de Medicina, de Enfermería, cuidados auxiliares de enfermería, auxiliares de geriatría, cuidadores, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y logistas-conductores.

“Todo voluntariado y ayuda es bienvenida en estos momentos de crisis en los que es necesaria la implicación total de la sociedad. El proceso de selección continúa abierto a través de seleccion@samu.es”, apuntan desde Escuela SAMU.

Pacientes de salud mental: un grupo de riesgo olvidado en esta crisis sanitaria

La crisis social generada por el virus Covid-19 ha conllevado el establecimiento de medidas extremas por parte de los estados para controlar la expansión del virus. En España, el estado de alarma declarado el 14 de marzo ha impuesto importantes restricciones que limitan la cotidianeidad de las personas. En concreto, el confinamiento en los hogares es una de las medidas que podrían tener efectos psicológicos notables. Entre las cuestiones que pueden influir en esta evolución, están factores específicos del estresor: duración, impredecibilidad y nivel de repercusión, entre otros. En la situación actual, los factores implicados son múltiples y carecemos de referencias para poder cuantificar su impacto.

Una situación de carácter traumático

Nuestro cerebro está sufriendo estrés postraumático, en un grado u otro, en función de la capacidad individual y de la experiencia previa y los mecanismos que utilicemos para que esta situación se vaya integrando. El cerebro reacciona desde el sistema reptiliano ante este tipo de situaciones inesperadas, súbitas y traumáticas, y una de las funciones que tiene ese sistema es, a veces, desconectarse para atacar o correr, o congelarse realizando conductas agresivas, pasivas o drásticas de manera automática.

En muchas personas esta situación estresante va a conectar con experiencias similares anteriores no resueltas. En consulta hay a quien la situación de estar en casa “encerrados” les está precipitando recuerdos infantiles de castigo, de miedo y de pérdida de libertad. Otras personas más mayores están recuperando recuerdos narrativos de sus abuelos que vivieron en la guerra y afrontaron momentos de extrema necesidad.

Las noticias sobre la situación de enfermedad y muerte pueden estar resurgiendo recuerdos acerca de enfermedades previas o duelos no resueltos. Estos ejemplos sirven para clarificar que muchas de las emociones que estamos experimentando tienen su origen en el pasado traumático y no se justifican únicamente por lo que vivimos ahora. Por tanto, cuantos más traumas no resueltos asociados al estrés de esta situación tengamos, más probabilidad de estar sufriendo en estos momentos.

Personas con mayor vulnerabilidad

Se habla de grupo de riesgo para contraer el virus, pero a los profesionales de la salud mental también nos interesa tener en cuenta a las personas con vulnerabilidad psicológica y/o psiquiátrica cuya situación va aprovocar una agudización de los síntomas, descompensaciones y aparición de trastornos comórbidos futuros.

Como es una situación sin precedente, no tenemos estudios previos que nos indiquen a nivel psicopatológico las secuelas de esta realidad. Por ello, de momento solo nos queda identificar a los grupos vulnerables para estar atentos y reducir las consecuencias que puede llegar a producir en estas personas la situación de confinamiento.

Los profesionales de salud mental nos estamos encontrando con personas que buscan ayuda por descompensación de sus síntomas. Pacientes con trastornos psicóticos que mantenían estabilidad en los últimos tiempos están ahora elaborando delirios relacionados con esta situación de alarma con implicaciones políticas, económicas y sanitarias. El confinamiento está exarcebando las especulaciones.

Las personas que tienen dificultad para regular impulsos como los trastornos de personalidad, algunos trastornos alimentarios, dependencia de sustancias, etcétera, también están comenzando a pedir ayuda pues encuentran más dificultad para autocuidarse, gestionar la ira o usar su mente reflexiva. Comienzan a realizar conductas que alivian de inmediato la sensación de malestar, aunque a la larga sea autodestructivo para ellas. Otros sufren efectos de abstinencia por no encontrar la sustancia que consumen habitualmente.

Aquellos con trastornos de ansiedad previo, del tipo trastornos de pánico, están sintiéndose sobrepasados, experimentando la sensación de peligro continua y necesidad de “huir”. Las personas con rasgos de ansiedad generalizada tienen un sinfín de nuevas preocupaciones con las que rumiar constantemente, alejándose del contacto con la realidad presente y experimentando síntomas desagradables como palpitaciones, insomnio u opresión en el pecho.

Las ideas autolíticas así como las ideas pasivas de muerte puede que también sufran un aumento con el paso de los días pues la sensación de indefensión y los pensamientos de impotencia de las personas con tendencias depresivas favorecen los pensamientos de desesperanza. Estos pacientes tendrán dificultades para ayudarse echando mano de creencias positivas y racionales como que “esto es temporal y que volveremos a nuestra vida normal”, y se quedarán ancladas en pensamientos catastrofistas que puede que nunca lleguen a cumplirse.

Las personas con problemas psicosomáticos de índole digestivo, dermatológico o de dolor expresarán mediante el cuerpo el estrés psíquico al que están sometidos. Las que tienen rasgos hipocondríacos es posible que se encuentren sobrepasados por la posibilidad de enfermar.

Estos solo son unos ejemplos. El otro problema añadido es que estas personas que están sufriendo conviven con familiares que tienen la energía mínima imprescindible para regularse y cuidarse a sí mismos. Ahora no pueden contener como lo hacía antes. Por estos motivos estamos recibiendo a muchas personas que encuentran serias dificultades en la convivencia en casa debido a la aparición de conflictos con sus familiares que no pueden ni saben gestionar. Por tanto, mientras que antes el problema psicológico lo padecía una persona, ahora forma parte de toda la familia.

La importancia de pedir ayuda

Los profesionales de la salud mental estamos volcados en estudiar e investigar las repercusiones de este fenómeno en el estado psicológico de las personas con y sin patología previa. Y, sobre todo, estamos implicados desde nuestro campo de actuación en contribuir y ayudar a la población a gestionar mejor esta crisis.

Desde la clínica de salud mental SAMU Wellness estamos formados y preparados para dar respuesta a las personas que acudan a nosotros. Mediante intervenciones telemáticas, para evitar la transmisión del virus, ofrecemos sesiones con nuestros pacientes externos, y con aquellos que, aunque fueron dados de alta y ya mantienen estabilidad clínica, desean consulta y recibir algunas indicaciones para manejar mejor esta situación.

Autora: Dra. Ana García-Dantas. Psicóloga especialista en psicología clínica

Mascarillas SAMU

El taller de mascarillas de SAMU: todos en acción contra el coronavirus

Ante la situación general de desabastecimiento de mascarillas y equipos de protección individual, SAMU ha dado un paso rápido y decidido en la búsqueda de soluciones concretas para la crisis con la habilitación exprés de un taller de fabricación de este tipo de recursos dirigidos tanto a la propia organización como a diferentes entidades que los requieran.

El 18 de marzo, solo cuatro días después de la implementación del estado de alarma en nuestro país, la entidad abrió una convocatoria de empleo para seleccionar a seis personas con experiencia en la costura industrial y con altos niveles de conocimientos y experiencia en el traslado de patrones. Solo dos días después, el viernes 20 de marzo, las seis expertas seleccionadas estaban produciendo a jornada completa las primeras mascarillas en las instalaciones de Escuela SAMU en Gelves (Sevilla). Una semana después, al cierre de esta revista, el equipo ya estaba formado por doce profesionales, todas mujeres con una enorme pericia e implicación, y la producción se situaba en 500 unidades diarias.

Borja González, vicepresidente de Fundación SAMU, ha explicado que los primeros días fueron de pruebas constantes: materiales, tallas, diseños y patrones para hacer la mascarilla más cómoda y práctica posible.

“Es un taller con finalidad altruista pensado para aliviar la escasez de equipos frente a la crisis del coronavirus”, ha señalado. Las mascarillas no serán comercializadas ni tampoco destinadas a uso sanitario. “Teníamos tanta necesidad dentro de la propia entidad, que hemos distribuido las primeras remesas en nuestro equipo a lo largo y ancho del país. Ha sido un pequeño respiro para todos, puesto que se trata de un primer medio de protección para personas que están en entornos de riesgo constante. Después hemos empezado a distribuir a otras entidades, y la acogida es excepcional”.

Las mascarillas son 100% algodón, lavables y reciclables, fabricadas con un material muy agradable que permite llevarlas todo el día con comodidad. El objetivo es producir entre 3.000 y 5.000 mascarillas cada mes con el sello de Fundación SAMU.

SAMU coronavirus

SAMU, en estado de alerta para cuidar de las personas

Hace un mes no podíamos imaginar dónde estaríamos en este raro comienzo de primavera. La crisis del coronavirus ha cambiado las pautas de trabajo y las costumbres domésticas de todos. Vivimos bajo confinamiento y en estado de alarma, y todos los esfuerzos se dirigen a evitar los contagios, especialmente en la población de riesgo.

SAMU, como organización que aspira a la excelencia en la atención médico sanitaria y a colectivos vulnerables, está en la primera línea de la batalla contra el coronavirus en todos sus servicios, centros y delegaciones. Además de nuestro servicio de ambulancias, a cuya actividad hemos dedicado un capítulo especial de esta edición, hemos hablado con responsables de los recursos de la organización, todos son esenciales en estas semanas: la Escuela SAMU, los centros de menores extranjeros no acompañados, los centros para personas con discapacidad intelectual y los pisos para menores extranjeros no acompañados. Todos están dando lo mejor de sí mismos para, en el ámbito de sus responsabilidades, ayudar a contener el coronavirus.

Centros de menores: un “vuelco total”

¿Cómo convencer a un adolescente de que durante unas semanas no podrá salir con sus amigos? ¿Cómo concienciarle de que su contribución es clave para parar al virus? Los centros de menores de SAMU trabajan con decenas de menores que, de la noche a la mañana, han tenido que cambiar radicalmente sus costumbres: no más salidas, no más colegio, no más prácticas.

Los directores de los centros de El Castillejo (en El Bosque, Cádiz), Miguel de Mañara (en Montequinto, Sevilla) y de la Unidad de Acogida Temporal de Emergencia de Ceuta aseguran que los chicos han comprendido la gravedad de la situación y respetan las nuevas normas. “Es un vuelco total, pero hasta ahora su comportamiento está siendo excelente. Me tienen sorprendido”, admite Javier Olier, director de un centro para 24 chicos (de entre 16 y 18 años) en El Bosque.

Los centros son estos días un “búnker” en el que han cambiado horarios y actividades. En Ceuta, donde hay un grupo de 15 niños de entre 10 y 15 años (de un total de 80), los monitores han tomado el relevo del colegio en las tareas de alfabetización. “También estamos haciendo el juego del coronavirus, pintar un virus en la parte de arriba de la mano. Por la noche, cuando se acuesten, tienen que tener el muñeco borrado”, añade Rafael Gallardo, director del centro.

Todos prestan especial atención a las medidas higiénicas. En Miguel de Mañara han tenido que tomar especial precaución con un niño que sufre una enfermedad del sistema inmune: pasa estos días en una habitación para él solo y, si sale, es con mascarilla y guantes.

Por la tarde, los centros suelen programar talleres especiales sobre las tareas más variopintas, casi siempre útiles para luchar contra la pandemia: cómo elaborar mascarillas con camisetas, manualidades de murales y pancartas, risoterapia, música en directo, autoestima, cinefórum con películas y reportajes sobre el coronavirus…

En el centro de Inserción Socio-Laboral de Corteconcepción, en la Sierra de Aracena de Huelva, por ejemplo, el equipo educativo combate el sedentarismo y la inactividad con talleres de movimiento expresivo. “A través de esta actividad, los chicos desarrollan la imaginación, el placer por el juego, la improvisación, la espontaneidad y la creatividad, con el objetivo fundamental de ayudar a gestionar el estrés diario”, explican desde el centro.

“Tener a los niños todo el día encerrados nos obliga a darnos a la imaginación”, explica Julia Almeida, directora del Miguel de Mañara (25 niños de 12 a 18 años), que detalla una actividad muy especial: consiste en que cada chico exponga un objeto personal y cuente la historia de ese objeto. Así se trabaja el arraigo, la autoestima y el conocimiento de los compañeros.

En el caso de El Bosque tienen la suerte de que cultivan sus propias verduras en un huerto que estos días los chicos miman con especial cariño. Producen cebollas, lechugas de roble, escarola, pimientos… “No hemos llamado al frutero, las verduras han salido de aquí”, cuenta con orgullo Olier.

Pero si algo tienen claro en todos estos centros es que para seguir en la buena línea será esencial trabajar la motivación y la disciplina. “De nada vale que lo hagan dos días y luego se les olvide”, advierte Gallardo. “Todas las mañanas, antes de desayunar, durante el recuento, me siento con ellos y les cuento la situación para que sean conscientes de que hay que continuar con las medidas”, concluye Olier.

Pisos de acogida: el papel de los referentes

Si es difícil concienciar a un grupo de adolescentes de un centro, la situación es aún más compleja cuando los chavales viven en un piso con mayor libertad de movimientos. “Al principio el confinamiento fue complicado. La mayoría están acostumbrados a entrar y salir a sus centros escolares, sus prácticas o su ocio. Son adolescentes y algunos rompían la norma”, admite Juan Carlos Rodríguez, responsable de tres pisos para un total de 40 menores no acompañados (de 12 a 18 años) en Coslada, Rivas y Fuencarral (Madrid).

Sin embargo, el esfuerzo del equipo educativo está logrando revertir la situación: “Poco a poco, hablando mucho con ellos, están cumpliendo. Están entendiendo que, aunque a ellos no les afecte considerablemente, pueden generar una situación muy compleja”, añade Rodríguez.

Es el momento de poner en práctica estrategias y habilidades de negociación y mediación y de echar mano de cualquiera que pueda ayudar. Es el caso de Allae y Salah, dos chicos que acaban de cumplir la mayoría de edad, pero que siguen en los pisos por la alerta sanitaria. Su ayuda está siendo esencial: “Cuando son modelos positivos se convierten en referentes muy fuertes. Se les escucha bastante ante cualquier crisis o frustración, a veces más que a un educador, porque los chicos se identifican con ellos”.

Centros para personas con una discapacidad intelectual: “Gracias por ser la sonrisa”

Hace unos días los usuarios de la residencia Santa Teresa de Villafranca de los Caballeros (Toledo) grabaron un vídeo en el que demostraban que ellos también saben lo que nos estamos jugando: “Tenéis que ser responsables, quédate en casa”. “Tenéis que lavaros las manos con frecuencia”, decían. Son personas con una discapacidad intelectual entre leve y moderada, y un día antes habían grabado otro vídeo para agradecer el trabajo de sus cuidadores. “Fue emocionante. No hacemos más que nuestro trabajo, pero llevamos unos días de muchos nervios y tensión para intentar protegerlos”, cuenta Sonia Oliver, directora del centro, que da servicio a 34 personas.

Estos días los pasacalles, las obras de teatro, los paseos con los perros que acoge la protectora de animales, el coro, los partidillos de fútbol o los cafés con las mujeres de este pequeño pueblo manchego se han sustituido por actividades de interior. Según Oliver, un cambio “brutal” que empezaron a aplicar dos días antes de que se decretara el estado de alarma.

“No salir es lo que peor llevan, porque lo asocian con una falta de premio”, confirma María José Tinoco, que dirige la residencia San Sebastián en Cantillana (Sevilla), con 56 usuarios. En este centro están documentando estas semanas en un diario fotográfico de la cuarentena. Los residentes tienen ahora menos tiempo para pasar fuera de sus habitaciones y se han configurado grupos de trabajo más reducidos para las actividades.

“Desde el momento en que hay una discapacidad intelectual podemos intuir que hay dificultad para gestionar determinadas situaciones o emociones”, resalta Tinoco. En Cantillana realizan talleres de emociones, donde aprenden a gestionar las emociones de estos días. De momento, funciona: cada día la hora del aplauso se adelanta unos minutos, porque todos quieren empezar a aplaudir los primeros.

La receta de Sonia Oliver es clara: “Darles información de lo que está sucediendo, que lo entiendan y que sepan que, si pasa algo, estamos preparados para cualquier urgencia. La sensación de que están protegidos es fundamental”.

El otro pilar debe ser la familia, estos días en la distancia. Hace unos días, Tinoco recibió una carta dirigida a todo el personal de su centro: “Gracias por ser la sonrisa, el apoyo, la motivación, la alegría, la calma, el paño de lágrimas, el cuidado de todos los residentes, que por desgracia sus familias no podemos darles en persona ahora”.

Unidad de Estancia Diurna San Lucas (Sevilla): el cierre, un “impacto para las familias”
Las unidades de estancia diurna están entre los centros cerrados por orden de las autoridades. Rocío Álvarez, directora en funciones de la unidad para personas con discapacidad intelectual de SAMU en Sevilla, cuenta que antes del cierre intensificaron los talleres de higiene de manos (adaptados a sus características) y enviaron una carta a las familias con recomendaciones para estos días.

El cierre es un impacto para las familias, porque deben reordenar su vida con una persona con discapacidad”, destaca Álvarez. Algunas se han agrupado para poder atender a personas con discapacidad que hasta ahora hacían uso de los centros de estancia diurna. Otros han reducido su jornada o reestructurado sus horarios.

Para el personal, el impacto también ha sido grande. Sin usuarios y por mucho trabajo que puedan hacer a distancia, hay servicios que no tiene continuidad. Álvarez asegura que el talante sigue siendo positivo: “Entendemos en lo que estamos”.

Escuela de SAMU: contribución a los gabinetes de crisis

Escuela de SAMU también ha alterado drásticamente su funcionamiento. Como todos los centros educativos del país, la formación presencial se ha sustituido por la educación a distancia mediante el uso de plataformas virtuales. Pero si algo distingue a SAMU es su experiencia en situaciones difíciles. Por eso, los alumnos del Máster de Enfermería se han volcado en la contribución a varios gabinetes de crisis.

“Es un grupo de alumnos bien formado y acostumbrado a trabajar de esta forma. Están prestando un gran apoyo a la rama sanitaria y prevención de riesgos”, apunta Thomas Couyotopoulo, responsable de la escuela.

Desde días antes de la declaración del estado de alarma, estos estudiantes trabajan sin descanso para recoger información de utilidad para los profesionales de SAMU, que sirve para actualizar los protocolos de prevención. Además, la Escuela está colaborando con la Junta de Andalucía en el estudio de un posible despliegue de un hospital de campaña. “En el máster estamos acostumbrados a hacer gabinetes de crisis y preparamos a los alumnos para estas situaciones”.

SAMU, al frente del Hotel Alcora Sevilla en la lucha contra el Covid-19

Dentro de las acciones llevadas a cabo por SAMU durante los últimos días, la entidad se ha encargado de habilitar un centro asistencial medicalizado para ancianos afectados por coronavirus en el Hotel Ilunion Alcora Sevilla, en San Juan de Aznalfarache.

Estas instalaciones, al igual que otras en La Línea (Cádiz), Granada y Málaga, forman parte del refuerzo sanitario acordado por el Consejo de Gobierno de la Junta para atender a ancianos procedentes de residencias que no reúnen las condiciones médicas necesarias para su atención en esta crisis.

El equipo de SAMU montó en tiempo récord un centro asistencial con cinco salas medicalizadas, boxes de cuidados intensivos y habitaciones habilitadas para el descanso del propio personal sanitario. El hotel es propiedad de la cadena Ilunion, del grupo social ONCE. Tanto la cadena hotelera como el Ayuntamiento de San Juan se han volcado con SAMU en hacer realidad este proyecto.

Concesur Automoción cede dos vehículos a SAMU para luchar contra el coronavirus

Grupo Concesur Automoción, a través de sus concesionarios oficiales de Mercedes-Benz en Sevilla, ha realizado una cesión de dos vehículos para hacer posible las labores de asistencia médica y de emergencias que está llevando a cabo SAMU para luchar contra el Covid-19.

Concretamente, las unidades donadas por Grupo Concesur Automoción son una Mercedes-Benz Vito Tourer con nueve plazas y una Mercedes-Benz Citan Tourer con cinco plazas, ambas para el transporte de pasajeros. La cesión se realiza de una forma totalmente desinteresada y por todo el tiempo que dure la actual crisis sanitaria.

Gracias a esta cesión altruista, SAMU podrá seguir prestando asistencia en el transporte y desplazamiento de personas afectadas por el coronavirus. Desde SAMU agradecen la generosidad de Grupo Concesur Automoción, que evidencia su solidaridad y su sensibilidad con la necesidad de redoblar esfuerzos en estos momentos tan críticos en la lucha contra la pandemia.