ABD ELLAH SAFI

Nació en Rabat capital de Marruecos, la misma ciudad que vio nacer a sus padres, y es el quinto de una fratria de seis hermanos. Más tarde se fueron a vivir a un pueblo Ouled Khalouf pero tuvieron que regresar a la ciudad por motivos laborales y dejaron a parte de sus hijos con su abuela.

Su padre siempre se ha dedicado al reparto de productos frescos y su madre, la mayor parte del tiempo ha sido ama de casa, sin embargo, las precarias situaciones económicas hicieron que ella también tuviera que trabajar de vendedora.

De los recuerdos más hermosos que tiene Abd Ellah de su infancia en Marruecos y que nos cuenta con una enorme sonrisa fue la boda de su hermana que duró tres días en los que toda su familia disfrutó y compartieron con personas del pueblo y vecinos, incluso con uno de sus grupos musicales favoritos.

Sin embargo, el joven tiene una experiencia muy triste y dolorosa de sus años de escuela, pues cuenta que allí en Marruecos existe todavía un sistema muy punitivo y que los maestros pegan a los chicos y a él le pegaban con un tuvo de PVC, llegando esto a provocar una enorme disputa con un profesor, de ahí que abandonara la escuela.

De España le gusta y valora la calidad y el respeto en la educación sobre la que afirma que “si hubiera tenido la oportunidad de estudiar en las condiciones que se realizan en España seguro que habría alcanzado la titulación”.

El fututo que tenía en su país sin estudios no era nada prometedor y después de trabajar un tiempo como bordador sin encontrar mucha empatía por parte de su jefe decidió emprender su proceso migratorio para encontrar estabilidad económica pero también emocional.

Salió de Rabat en un autobús que le llevó hasta Tánger y allí se tiró al mar empezando a nadar en dirección a la península a primeras horas de la mañana. Sobre las 17:00 fue rescatado por un barco pesquero en las inmediaciones de la costa Tarifeña.

Tras realizarle las correspondientes pruebas médicas, el joven ingresó en el Centro de Recepción de Campo de Gibraltar donde se inicia su proceso de atención y documentación, posteriormente pasa al DISL Las Cabezas y finalmente al DISL Nervión, todos ellos dispositivos de la Fundación SAMU.

Reconoce haber pasado miedo en todo este proceso y mucha desesperación cuando se demoraba la obtención de la documentación que regularizaría su vida en España, sin embargo, en la actualidad se siente muy orgulloso de todos los objetivos personales que ha alcanzado.

Se siente muy agradecido de todo el apoyo que ha sentido por parte de la Fundación SAMU y como le ha ayudado a crecer como personal. Le gustaría poder alquilar un piso en una zona tranquila de la ciudad y además encontrar otro trabajo complementario. Su idea es enviar a su familia ese segundo sueldo para poder mejorar las condiciones de su vivienda en Marruecos.