Francisco José Fernández, en su despacho de Grupo Consea, en el centro de Sevilla.

“Las empresas exigen jóvenes todopoderosos”

In julio 10, 2017
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Abogado y doctor en Derecho, Francisco José Fernández (Alcalá del Río, Sevilla, 1971), es desde 2015 socio director del Grupo Consea, entidad especializada en el asesoramiento financiero y jurídico a empresas del ámbito público y privado, entre ellas SAMU.

 

¿Qué es Grupo Consea?
—Grupo Consea existe desde 1978. En sus comienzos se dedicó al asesoramiento financiero y en la década de los 90 y 2000 incorporó nuevos servicios como el asesoramiento de políticas públicas, compliance, reestructuraciones y un servicio de cobertura a los proyectos de innovación y tecnológicos.

En los últimos años se ha puesto de moda el concepto compliance, pero ¿qué es esto exactamente?
—Es una nueva exigencia en el mundo de la empresa que supone una cultura del buen cumplimiento. Asesoramos a las compañías para que no infrinjan la ley ni la ética empresarial, algo que puede ocurrir simplemente por desconocimiento. El tener implantado un servicio de compliance, exime de responsabilidad a los dueños o accionistas de la empresa en el caso de que se produzca alguna infracción.

—También es profesor. ¿Dónde imparte clases actualmente?
—Doy clase en los grados de Derecho, Economía y Relaciones Internacionales sobre contratación, que es mi especialidad, en la Universidad Loyola Andalucía, además de en los máster jurídicos sobre organización de empresa y modelo de gestión de despachos de abogados. Llevo 12 años dedicándome a la docencia.

—¿Se les exige hoy más a los jóvenes para acceder al mercado laboral?
—La juventud tiene ahora muchos inconvenientes para acceder al mercado laboral. Las empresas exigen jóvenes todopoderosos, que sepan idiomas, argumentar, escribir, que tengan habilidades sociales y humanas, capacidad de liderazgo, tener empatía y muchas cosas más. Esto hace que el nivel de frustración de los jóvenes a la hora de buscar trabajo aumente.

—¿Cómo aprende uno estas habilidades?
—Las empresas tienen parte de responsabilidad. Un buen plan de formación de una compañía no sólo implica que los trabajadores tengan una buena formación informática y técnica, sino también una buena formación humana, ética. En ese sentido, el proyecto que está desarrollando SAMU con la implantación del compliance dice mucho de la organización. En el fondo, la cultura del compliance lo que te imprime es un carácter y una forma de hacer las cosas que especialmente para los jóvenes es muy valorable.

—¿Cómo conoció el proyecto SAMU?
—El sector empresarial no es tan grande como parece, nos conocemos casi todos. Me llamó mucho la atención el proyecto y su historia, además de la forma que tienen sus directivos de entender el mundo de la empresa. Me apasiona ayudar al desarrollo de una compañía de este tipo. Me siento muy orgulloso.

—¿Cómo colabora con SAMU?
—Soy una pieza de apoyo para sus directivos en la evolución y la expansión del grupo. Aporto nuevas experiencias, marco un nuevo camino de estrategia en cuanto a la contratación pública y guío el proceso de la implantación del compliance dentro de la compañía.

—¿Cuáles cree que son las principales fortalezas de SAMU?
—Una cultura corporativa sana y un trabajo en equipo. Es una compañía que hace camino al andar y con un gran respecto por los trabajadores. Tiene muchas posibilidades de futuro. Creo que será una compañía con importantes metas.

—Y, como crítica constructiva, ¿algo en lo que deba mejorar?
—Lo mismo que le ocurre a todas las compañías en proceso de expansión: deben canalizar de forma más adecuada el futuro para no malgastar esfuerzos que no vayan a ningún sitio. Esto es un síntoma muy habitual en los procesos de expansión.

—¿Cuál es la clave del éxito empresarial?
— No hay reglas generales. Hoy ser empresario es una cultura de riesgo, pero hay algo en que coinciden los empresarios de éxito: la paciencia. Paso corto y vista larga, como dicen en el ejército.

—¿Qué consejo le daría a los jóvenes?

—Que busquen referentes en los que mirarse, que intenten tener buenos jefes de los que aprender, que sean exigentes con ellos mismos y que intenten desarrollar valores éticos, ya que con ellos se llega a todos lados.

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